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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Como Iglesia de Guadalajara llegamos a la XI Asamblea Eclesial Pastoral, como un paso más en el camino recorrido sinodalmente en un proceso pastoral que nos ha llevado a asumir en espíritu de comunión y participación, como cause operativo, la Gran Misión de la Misericordia, pensada a realizarse en cuatro etapas (sensibilización, territorial, sectorial y ambiental) con un dinamismo de irradiación y transversalidad. Esto quiere decir que son etapas que se entrecruzan e, incluso, se requieren una a otra de forma simultanea y nunca pensando en que una supera y termina definitivamente la otra. De hecho, se ha pensado una misión permanente, en el sentido de la un talante de búsqueda constante de renovación eclesial y conversión pastoral conforme a la Divina Revelación y al Magisterio de la Iglesia para llegar a ser una Iglesia verdaderamente misionera, sinodal y buena samaritana.
La Gran Misión de la Misericordia pretende ser un kairos para nuestra Iglesia diocesana que, a su vez, nace y se nutre de la vitalidad renovadora del Concilio Vaticano II y del magisterio pontificio del Papa Francisco, del impulso misionero de la Misión Continental y del Proyecto Global del Episcopado Mexicano para celebrar los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y los 2000 años de la Redención. Por otra parte, asumimos con gratitud y compromiso nuestro glorioso y martirial pasado, para responder a los graves retos del contexto histórico presente y transmitir testimonialmente la alegría del Evangelio a las nuevas generaciones.

La experiencia primera y fundamental de Iglesia es la Parroquia, que es la “Iglesia entre las casas”, como decía san Juan Pablo II. Desde la Parroquia, en ella y para ella se realizan y concretan todos los planes diocesanos; si no es así, de poco sirven los esfuerzos de especialistas o peritos, pues los planes fueran solo de escritorio, que se quedan en las nubes y sin aplicación. Por eso la estructura parroquial juega un papel esencial en renovación eclesial y, consecuentemente en la realización de la Gran Misión de la Misericordia. Al respecto, decía el Papa Francisco a los Párrocos del mundo: «Si las Parroquias no son sinodales y misioneras, tampoco lo será la Iglesia».
La Parroquia juega un papel fundamental en la vida cristiana y en el desarrollo de la acción pastoral, tanto de ayer como del presente. En el contexto actual, de una profunda crisis de descristianización en las sociedades, el Papa Francisco afirma que «la Parroquia no es una estructura caduca» (EG 28), al contrario, gracias a la plasticidad de esta instancia eclesial, tiene una gran capacidad de renovarse y adaptarse a nuevas realidades, en cuanto que es la Iglesia entre las casas. La Parroquia es la Iglesia en proximidad, como buena samaritana que se hace compañera de camino y es capaz de curar con el vino del consuelo y el aceite de la esperanza a quienes se encuentra como heridos en el camino de la vida. Es donde se realiza la Misión de la Misericordia.

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