upc4

LAURA CASTRO GOLARTE

Hace casi dos años, se cumplirán en el mes de junio próximo, de hecho, escribí en este espacio sobre la inutilidad de la oposición en nuestro país. Y pareciera de pronto que hasta ahora, cuando se avecina una derrota anunciada desde antes de que iniciara siquiera una contienda electoral, muchos analistas se percatan de que la oposición hoy, en México, prácticamente dejó de operar desde 2018 a la fecha.
Lo he dicho y escrito en otras ocasiones: es una desgracia. La oposición es necesaria en cualquier país que se precie de ser democrático. Forma parte indisoluble del sistema de partidos, ese conjunto de instituciones de interés público que son la vía para el acceso a posiciones de poder político, para la renovación de cuadros o relevo generacional, la innovación y perfeccionamiento de las buenas prácticas gubernamentales; para el diseño y propuesta de políticas públicas, iniciativas de ley para cubrir lagunas y actualizar reglas y normas conforme a la evolución y desarrollo de la nación, del país, del Estado; son, en otras palabras, los intermediarios entre la sociedad en su conjunto y el Estado.

En el México que nacía en el siglo XIX, los partidos en el Poder Legislativo estaban conformados por representantes de logias masónicas: la escocesa y la yorkina, una conservadora y otra liberal, aunque no se llamaban o se identificaban así al principio, eso fue en realidad hasta la segunda mitad del XIX en el marco de las Leyes y la Guerra de Reforma. Y la confrontación entre estas dos posturas fue constante hasta que, a finales del Porfiriato, con la fundación del Partido Liberal Mexicano de Camilo Arriaga y de los hermanos Flores Magón; y, poco después, el Partido Anti-Reeleccionista de Francisco I.
Madero, un incipiente sistema de partidos, sin ese reconocimiento todavía, se empezó a formar, con grandes obstáculos, censura y represión.

Con el triunfo de la Revolución Mexicana, algunos años después de la promulgación de la Constitución de 1917, empezaron a fundarse varios partidos políticos con una ideología y con otra, casi siempre ubicados a la derecha o a la izquierda del espectro político-electoral.
Si recurrimos a las definiciones de Giovanni Sartori, el sistema de partidos políticos en México es, en términos cuantitativos, un sistema de pluralismo extremo, hasta aquí, sin embargo, ahora es un aglutinamiento, por lo que hace a las dos grandes coaliciones en el proceso electoral vigente, que se sale de las clasificaciones del erudito italiano, florentino, para mayores señas.
En términos cualitativos, para ilustrar mejor, tuvimos un sistema de partidos no competitivo porque sólo uno ganaba; actualmente, dadas las experiencias de alternancia, con un sistema de más de cinco partidos políticos es, sí, competitivo y de pluralismo extremo o, de plano, atomizado.
En este proceso complejo y, en muchos casos, hasta bizarro que hemos testificado ya varias generaciones de mexicanos, más o menos desde 1988 a la fecha, los efectos perversos y la descomposición rampante que experimentan los partidos, han dado como resultado una oposición, hoy por hoy, ajena, distante de los problemas de fondo de México, inmersa en su propio laberinto y con muestras claras y evidentes de una gran desesperación que, lejos de llevarla a recomponer el paso para encontrar una salida, empeora el problema como si se tratara, además de un laberinto de arenas movedizas.
En este escenario, los mexicanos que no están de acuerdo con la actual administración federal se han quedado solos, sin representación posible en las élites partidistas que reciclan señalamientos superficiales y cuestionamientos que contrastan con niveles de aceptación, incluso internacionales. En todo el sexenio que está por terminar, debieron haber trabajado en un proyecto de nación y en la construcción de una candidatura competitiva y rentable. No lo hicieron, ninguno, no la alianza ni el que va solo, cuya actuación hasta hoy ha sido punto menos que grotesca.
Y del otro lado, el partido en el poder se ha aliado con institutos políticos que sólo buscan la sobrevivencia y que en general no son bien vistos por la ciudadanía; o ha abierto las puertas, sin necesidad, a personas que habían militado incluso en partidos de derecha, sin que haga caso a las constantes advertencias de su propia militancia.

Para los procesos electorales vigentes, tanto el federal como el de Jalisco, los ciudadanos tenemos una tarea doble, o triple, que desahogar porque el sistema está diseñado de tal manera, que la anulación deliberada opera como un boomerang contra los electores. Tendremos que estar muy atentos, hacer cálculos y allegarnos de información de calidad, para definir en conciencia por quiénes cruzaremos las boletas el próximo 2 de junio.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Leave a Comment

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.