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Pbro. Dagoberto Torres Torres,

Diócesis de Autlán

A pesar de que hoy el catolicismo sigue siendo un actor importante en el mundo, su papel es principalmente reactivo, así lo afirma el historiador israelí Yuval Noah Harari en Homo Deus.

Quizá tenga razón. Y es que si usted echa un vistazo a la historia, descubrirá que en el pasado el catolicismo desarrolló una extraordinaria fuerza creativa. Promovió la idea de la igualdad humana ante Dios, detonando un cambio de estructuras y jerarquías políticas que aprovecharon generaciones futuras revolucionarias en pro de la dignidad.

Las innovaciones de la Iglesia

El catolicismo fomentó reformas sociales y éticas, al mismo tiempo que generó innovaciones económicas y tecnológicas. Estableció el sistema administrativo más refinado de la Europa medieval, siendo pionera en el uso de archivos, catálogos, programaciones y otros métodos de procesamiento de datos.

El Vaticano en el siglo XII era lo más cercano al actual ecosistema de tecnología e innovación californiano asentado en Silicon Valley.

La Iglesia, dice Harari, estableció las primeras empresas económicas europeas: los monasterios; mismos que introdujeron métodos agrícolas y administrativos avanzados. Durante mil años encabezaron la economía europea.

También fueron pioneras en el uso de relojes y durante siglos fueron los centros de enseñanza más importantes de Europa, sin olvidar su contribución a la fundación de universidades como las de Bolonia, Oxford y Salamanca.

¿Qué pasó?

Con dicha vocación histórica, hoy sorprende el declive de su talante creador. Aunque no olvidemos que muchos de los grandes científicos de los dos siglos pasados eran católicos convencidos. Y uno de los grandes inventos que revolucionó el mundo, fue la creación del motor de combustión interna, obra del sacerdote italiano Eugenio Barsanti. 

Sin embargo, la actual pandemia del coronavirus ha demostrado lo mucho que el catolicismo se ha alejado de ser una fuerza creativa para transformarse en una reactiva. Obligándola a consumir tecnología para seguir operando, cuando en el pasado era creadora de ella.

Esperando desesperadamente que otras instancias con su ciencia, su tecnología y su creatividad ofrezcan soluciones a los problemas que atravesamos.

La visión de Yuval Harari es tan desafiante como crítica cuando sin miedo se pregunta: “¿Qué descubrieron los sacerdotes en el siglo XX que pueda equipararse al nivel de los antibióticos y los ordenadores? ¿De dónde cree usted que surgirán las grandes soluciones del siglo XXI?” 

dagotorres90@hotmail.com

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