upc4

Hermanas y hermanos en el Señor:

Este mes la Iglesia ha querido consagrarlo a la Palabra de Dios, aunque podemos meditarla siempre que queramos.
Es oportuno que nos preguntemos qué importancia le damos en nuestra participación en las Misas cuando se proclama la Palabra de Dios, y también para cada día.
Con una actitud positiva hemos de meditarla, y aplicar alguna enseñanza práctica para nuestra vida cristiana.
En esta ocasión nos referiremos a la ocasión en la que Jesús anunció a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer mucho, para caer en manos de los sumos sacerdotes y de los escribas, que tenía que ser condenado a muerte y resucitar.
Como vemos, les anunció un camino de sufrimiento, de dolor y de muerte, aunque también de resurrección.
Nuestra primera reacción al escuchar este anuncio puede ser el mismo que el de Pedro: “Esto no nos puede suceder”.
Es el Demonio el que nos pone la tentación de responder así, porque es la fuerza opositora de la obra de Dios, es la personificación del mal que se opone al proyecto salvador en favor nuestro. No quiere que conozcamos y experimentemos el amor infinito de Dios, que se nos manifiesta en Cristo, y podemos preferir más pensar como Satanás, y no de acuerdo a la voluntad divina.

Nos tenemos que preguntar: ¿Qué tanto vivimos en nuestro pensamiento, en nuestras intenciones, en nuestra forma de vivir acorde a la Palabra de Dios, a la enseñanza de Jesús?

¿Qué tanto nos esforzamos por ajustar nuestra vida a la enseñanza del Señor o qué tanto, confesándonos cristianos, acomodamos nuestra manera de vivir a como piensa el mundo, el Demonio?
Lo que nos propone el mundo es que busquemos el poder, el tener y el placer.
El mundo pone la realización del hombre en estos tres factores.

Entre más poder tengas –cualquier poder- sobre los demás, mejor. El poder es una tentación del Maligno. En lugar de hacernos hermanos de los demás, atentos y sensibles, nos posicionamos con un poder de superioridad.

El tener. Ésta es una de las tentaciones más grandes que nos pone Satanás: acumular bienes. Y entre más se acumula, más apartados nos sentimos de Dios, porque nuestra confianza está en el poder de lo que se tiene.
El placer. Lo buscamos sin ninguna limitante moral; lo que se nos antoje para disfrutar nuestra vida (comer, beber, etc.).

Cuando ajustamos nuestra vida a la búsqueda de estas tres situaciones (poder, placer y tener), estamos ajustando nuestra manera de vivir a la forma de pensar del mundo.

En cambio, cuando pensamos que nuestra vida está llena de manifestaciones del amor de Dios, y que nuestra vida está llamada a manifestar ese amor para con los demás (atento, solidario, misericordioso, fraterno), eso es pensar y actuar como espera Jesús que nosotros, sus discípulos, actuemos, aunque implique sacrificio.
Pensemos cuántos católicos se dicen discípulos de Jesús, pero seleccionan, en su vida moral, qué están dispuestos a vivir y qué no están dispuestos a aceptar.
La Palabra de Dios nos desafía hoy, a que calibremos la calidad de ser discípulos de Cristo. Qué tanto vivimos como el mundo y qué tanto nos esforzamos por vivir como piensa Dios.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.