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Primera Parte

“Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el
producto del descarte y de lo superfluo para encontrar algo qué comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano”.

Papa Francisco, Mensaje del Santo Padre para la III Jornada Mundial de los
Pobres 2019.

Alejandra Lozano Saldaña

En la Capellanía de Nuestra Señora de la Piedad, ubicada entre la calle R.
Michell 160 B, esquina con Gante, existe un lugar que entre la 1 y las 3 de la
tarde se convierte en el refugio de las personas más necesitadas, en el abrazo y cobijo de aquellos a quienes la suerte no les ha sonreído constantemente, es el comedor de la Sagrada Familia.
Este pequeño lugar es un comedor en el que, desde temprano, se comienza
a preparar los alimentos para ofrecer a todas aquellas personas que lo necesitan: hombres, mujeres, menores, adultos mayores, migrantes, personas en situación de calle y también para aquellas que de repente el gasto no les alcanza.
Es un comedor que está a la vista de muchos, en un punto tan transitado y
a la vez tan olvidado, es la zona de la Central Camionera vieja, esa zona que
solo es recordada cada 22 de abril por las explosiones de 1992, pero que a diario está rodeada de gente que necesita de nosotros.
Ante esta noble labor, nos dimos a la tarea de acompañar al Padre Emanuel
Santana para conocer a todos los que hacen posible este comedor y que,
gracias a ellos, las personas más necesitadas sacian su hambre.

“Aquí veo la Providencia de Dios, porque si a mí me preguntas cómo
se ha mantenido el comedor desde hace más de dos años, te diría… es
un milagro, un milagro de Dios”, comentó el Sacerdote.

TRABAJO EN EQUIPO
El Padre Santana es el responsable de este comedor, él pertenece a la Parroquia de la Purísima Concepción, ubicada en Obregón y Churubusco, y es conocida popularmente como el Templo de la Concha.
Él tiene destinados los martes para surtir los víveres que hacen falta en el
comedor. Todo comienza con unas llamadas
a las compañeras que cocinan, la Hermana Nayeli y la Sra. Mary, para
saber qué hace falta por comprar.
“Les marco a ellas porque son quienes cocinan, y saben mejor qué puede
hacer falta, aunque tenemos nuestro guardadito, no esperamos a que se termine”.
Salimos rumbo al mercado de abastos; en el trayecto me platicó cómo en
su anterior Parroquia, Belén de Jesús, conoció a Héctor Omar Ramírez Ornelas, un joven padre de familia que es locatario en el Mercado de Abastos, y que gracias a él algunos comerciantes se sumaron.
Era el miércoles 22 de diciembre, el caminar apresurado de las personas
por comprar lo que faltaba para la cena navideña era evidente. Conforme
nos íbamos acercando a la cuadra donde están los bienhechores, lo iban
saludando, y él a su vez entregando un presente que contenía a la Sagrada Familia y un Rosario bendito, y les decía:
“Este es un pequeño agradecimiento por todo lo que nos ayudaron este año”. Los locatarios lo recibían con una sonrisa y le respondían, “Gracias a Dios, Padre”.

LA LISTA DE LO NECESARIO
Cuando llegamos al local de Omar, el Padre Emanuel le pasó la lista, ambos
la checaron, hablaron del costo de las verduras y especias, e inmediatamente iniciaron el recorrido para comprar lo necesario.
Cuando le pregunté al Presbítero cómo había logrado que los diferentes
vendedores donaran o dieran un costo más económico, sonrío y me dijo:
“Gracias a Omar, él fue la puerta a otras personas para que nos apoyen, porque me dijo: ‘Padre, si pides regalado no todos te van a querer ayudar, mejor por qué no les comentas para qué quieres la comida y a ver si te lo pueden dar a un costo más accesible, e invítalos a que conozcan el comedor’, así inició todo”. Esto mientras continuábamos surtiendo
esa lista.
Seguimos con nuestro recorrido por las bodegas; entre los bienhechores
está un señor que su hijo anteriormente fue seminarista y su manera de apoyar es dar un precio accesible.
REGRESAR UN POCO DE LO QUE NOS DIERON
Lucía Arroyo y su marido venden verduras, ahí llegó el Padre con su lista y
le dijeron: “hoy lo podemos apoyar con calabaza, lo demás sí se lo voy a cobrar”, a lo que el P. Santana sonrío y le dio las gracias. Cuando platiqué con Lucía y le pregunté qué la motivo a unirse en esta noble labor, se sorprendió por la pregunta, y con una sonrisa respondió: “Estamos agradecidos por ayudar, pues son bendiciones lo que llega y lo que se
va”, entonces le pregunté: “Si pudieras decirle unas palabras a las personas del comedor, ¿qué les dirías?” Su mirada viajó al pasado y con voz entrecortada compartió: “Que sigan orando por nosotros, por nuestros clientes, porque las bendiciones que nos regresan son las que recibimos […] De mi mamá aprendí que si nos piden ayuda, lo hacemos, y mi esposo también lo cree; hace dos años mi marido tuvo un accidente automovilístico, y necesitábamos una fuerte suma para que pudieran intervenirlo, solo teníamos un vehículo y era pérdida total”, comentó reviviendo ese momento, “pues en ocho días reunimos ese dinero, yo solo decía ‘Dios, ¿de dónde?’, nos apoyó gente que no conocíamos y te hace preguntarte ‘¿Cómo nos pudieron apoyar?’ Y a través de esto es una manera
de regresar un poquito de ese favor infinito que recibimos”.
“Del mercado tuve mucho apoyo, y no me pesa darlo porque yo ya lo recibí
muchas veces”, concluyó Lucía con una sonrisa.

AMISTAD QUE DIO FRUTOS
“Todo inició por la amistad con el Padre Emanuel que ya tengo de años atrás, gracias a Dios, también, por la buena disponibilidad y providencialmente.
Cuando me platicó su proyecto de inmediato le dije: ‘Sí, tú ven y con lo
que yo pueda te apoyo’”, es lo que nos compartió Omar Ramírez, comerciante del Mercado de Abastos que, acompañando y respaldando al Padre Santana, lo presentó con los alrededores, les explicaron el proyecto respetando el sí o el no de cada uno de los vendedores.
“Sumarme a este proyecto me ha regalado muchas alegrías al saber que
puedo ser un instrumento de Dios que pueda aportar algo para apoyar a mi
prójimo, que es lo que Dios nos pide”, respondió con una sonrisa.
En ese momento, su hijo estaba presente y reconoció que, a través del trabajo y este acto de caridad, le estaba enseñando con el ejemplo la importancia del trabajo y de los valores en familia.

GRACIAS A TODOS
Una vez que terminamos el recorrido, llevaron los productos a la bodega de
Omar, y él ahí se coordina con el Presbítero para concretar la hora de entrega.
Gracias a todos los bienhechores se adquirió una camioneta, la cual permitirá realizar las comprar y llevarlas al momento, pues por la distancia y peso, el Sacerdote realiza las compras y Omar las lleva al comedor.


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