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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Fue alumno del Seminario Diocesano de Guadalajara, nació en Cocula y ejerció su ministerio en Parroquias de  San Cristóbal de la Barranca, Plan de Barrancas, Hostotipaquillo, Atemajac de Brizuela y Tototlán.

En 325 años el Seminario Diocesano de Guadalajara se ha caracterizado por ser una sólida Casa de formación sacerdotal y un centro de cultura y de educación referencial en la zona México-Occidente. Se trata de una de las instituciones más antiguas y queridas de Jalisco. Uno de sus frutos gloriosos han sido los santos mártires, destacados sacerdotes que desfilaron en su momento por sus aulas. Santo Sabás Reyes Salazar fue alumno de nuestro Seminario. Aunque no recibió el sacramento del Orden Sacerdotal en la Arquidiócesis, es considerado personaje prominente de esta Casa de Estudios y Semillero Sacerdotal.

Sabás nació en Cocula el 5 de diciembre de 1879. Su familia era muy pobre y concluyó su instrucción primaria e ingresó al seminario de Guadalajara. Ciertamente no sobresalía por sus dotes intelectuales. El rector le aconsejó cambiar de seminario y lo recomendó ante la diócesis de Tamulipas. Ahí fue ordenado en 1911.

Debido a la revolución tuvo que regresar a Guadalajara donde ejerció su ministerio en diversas parroquias: San Cristóbal de la Barranca, Plan de Barrancas, Hostotipaquillo, Atemajac de Brizuela y Tototlán. Buena parte de su trabajo lo dedicaba a formar catequistas. Al iniciarse la persecución, el padre Sabás continuó trabajando en Tototlán. El 11 de abril de 1927 regresaba de celebrar un bautismo cuando llegaron las tropas federales a atacar la población.

El padre se refugió en una casa particular donde pasó el día en ayuno y rezando el rosario e hizo lo mismo los días siguientes, pidiendo a Dios por sus feligreses capturados. Su escondite fue revelado al general Izaguirre quien envió tropas para capturarlo.

Por la noche lo llevaron ante una junta militar donde lo martirizaron. Tirado en el suelo prendieron dos fogatas, una junto a sus pies y otra frente a la cara. Intentaron que les dijera el escondite de dos sacerdotes, pero fue en vano.

Por la noche del día 13 fue conducido al panteón, y contra el muro lo acribillaron. Actualmente sus restos se encuentran en el templo parroquial de Tototlán.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su firmeza y perseverancia. No encontró obstáculo para llegar a ser ordenado presbítero.
  2. Su ejemplar y constante trabajo pastoral, aun en medio de la persecución religiosa.
  3. Su fortaleza y valentía para sufrir al ser torturado como nuestro Señor Jesucristo.

@arquimedios_gdl

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