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LAURA CASTRO GOLARTE

La realidad de las personas desaparecidas en México es dolorosa y lacerante desde hace décadas. Mucho antes de que existieran las comisiones de Derechos Humanos se conformaron grupos de activistas para exigir cuentas al gobierno, considerando sobre todo que en los años sesenta y setenta del siglo pasado eran los tiempos de la guerra sucia, cuando el Estado mexicano recurría a la desaparición forzada de opositores y activistas por diferentes causas contra el autoritarismo priista y sus consecuentes injusticias y represión: ferrocarrileros, maestros, médicos, estudiantes…
Es justo en los sesenta, a partir del año de 1961, que se inicia con el registro nacional de personas desaparecidas. Ese trabajo como tal ha pasado por diez administraciones públicas federales en las que prevalecieron inconsistencias, omisiones, ocultamiento de información, desdén, olvido, desinterés, burocracia, negligencia y una total y absoluta falta de transparencia.
El ejemplo más claro es que grupos como el Comité ¡Eureka!, fundado por Rosario Ibarra de Piedra, tienen ya más de 45 años de vigencia y se sabe que gracias a su trabajo ha sido posible encontrar a alrededor de 150 personas con vida desaparecidas en la guerra sucia principalmente, aunque no de manera exclusiva durante esa etapa. En este siglo, con la “guerra” en el periodo 2006-2012, las desapariciones aumentaron de manera exponencial y se multiplicaron los grupos de la sociedad civil, madres y padres buscadores ante la falta de respuestas del Estado mexicano y de los gobiernos locales que tienen también responsabilidad en este asunto.
Es doloroso, reitero, y en los últimos meses hemos sido testigos de varios hechos que contribuyen a que esto empeore. El manejo de la información sobre personas desaparecidas debe ser en extremo cuidadoso. Lamentablemente, hay desinformación que afecta a las personas involucradas de manera directa, es decir, a los familiares de las personas desaparecidas; pero también a la sociedad en general por lo que esta realidad incide en niveles de confianza/desconfianza, certidumbre/incertidumbre, miedo/ tranquilidad. Quienes hacen un manejo grosero, burdo y desaseado de este asunto ignoran lo que podrían ser las reacciones de quien lee y quien escucha, porque sus intereses son otros, no las personas. Nos toca distinguir.

El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) ha sido sometido, desde 2019, a un trabajo exhaustivo de revisión y ajuste para homologar las diferentes variables y cubrir, en la medida de lo posible, las inconsistencias para disponer de un mejor instrumento que realmente coadyuve a encontrar a las personas desaparecidas.
A lo largo de 62 años los documentos fueron cambiando; de una administración a otra se modificó la estructura de los formatos; duplicidad de información, falta de datos y registros nulos, entre otros aspectos que se han ido solventando.
En todo este tiempo, los motivos de desaparición también han cambiado, más que en el concepto en términos cuantitativos. Durante la guerra sucia, la mayor parte de las desapariciones eran por desaparición forzada; cuando la guerra contra el crimen organizado, por reclutamiento, sustracción y también desaparición forzada. Hay que sumar, en todo el periodo de vigencia del registro, la trata de personas, el secuestro y la desaparición cometida por particulares. Hay otros motivos: ausencia voluntaria, ausencia voluntaria por problemas personales, enfermedad mental, accidentes y homicidios, entre otros.

Junto a la actualización del registro se emprendió desde mayo de este año en todo el país, con la participación de los gobiernos estatales, la Estrategia Nacional de Búsqueda Generalizada de Personas Desaparecidas con base en el método que desde 2022 se definió y probó en la Ciudad de México. Con la aplicación del método a nivel nacional, los resultados hasta ahora arrojan 16 mil 681personas encontradas (esto no implica que salgan del registro; cabe decir que desde el 10 de noviembre de 1961 el total de personas desaparecidas, localizadas y no localizadas es de 304 mil 275) y 17 mil 843 localizadas, esto quiere decir que se tiene información para encontrarlas pero falta la prueba de vida con la que concluye el método. El foco de la estrategia está en encontrar a las personas, de ahí el llamado a la sociedad para que contribuya con más información. Todo lo relacionado con esta realidad se actualiza de manera constante, pero también hay resistencias en autoridades locales, son variables que no se pueden ignorar. Y habrá que esperar la información de los motivos de desaparición en este sexenio.

Es un asunto complejo, con varias vertientes (identificación de cadáveres) y, como dije, muy delicado, porque de lo que hablamos es de personas, de ausencias, de sentimientos e incertidumbre, de esperanza y de dolor profundo en cientos de familias mexicanas.

Hoy es el último día de este 2023 y quiero desear a todos los lectores y lectoras que el año que empieza
en unas horas sea pleno y positivo en todos los sentidos ¡Feliz año 2024!

@arquimedios_gdl

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