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Luis Sánchez

El reciente fin de año tuve la oportunidad de salir de la ciudad para despejar mi cabeza unos días del trabajo y el ajetreo urbano. Sin embargo, es inevitable poner sobre la mesa aquellos fenómenos que a uno en lo particular le interesan en el día a día por el que transcurre. En mi caso, esto sucede con el fenómeno de la vivienda y todo aquello que gira en torno a la posibilidad de habitar un espacio que se pueda considerar digno.
Tener la posibilidad de visitar una ciudad a manera de turista, nos permite entender cómo se lleva a cabo la socialización en la comunidad y los espacios en los que los distintos sectores sociales confluyen y se diferencian, algo que generalmente no tomamos en consideración en nuestra vida común, justamente por la monotonía que hasta cierto punto implica la rutina diaria, independientemente del ciudadano.

A qué voy con todo esto, querido lector. Resulta sorprendente las marcadas diferencias que existen entre aquellos hogares que forman parte de la periferia en una ciudad, y aquellos hogares que habitan la zona urbanizada en la misma. Lo considero un tema apasionante, por lo que me di a la tarea de profundizar en algunos datos que respaldaran lo que con mis propios ojos veía.

Primero que nada, al hablar de una vivienda asequible debemos considerar varios aspectos, como su ubicación, accesibilidad a servicios básicos, tiempos de traslado a las sedes de trabajo y el transporte público, todo abonando a que la calidad de vida de las personas mejore.
Un ejemplo se da en Puebla y en Ciudad de México, donde de acuerdo a una investigación en 2017, las personas que habitan en las periferias gastan hasta dos o tres veces más tiempo en desplazarse a sus centro de trabajo que aquellos que viven dentro de la ciudad.
Esto es relevante. El que una persona tenga su hogar no es argumento suficiente para considerar en la determinación de la calidad de vida del sujeto, sino que la ubicación resulta esencial, además de ser un reflejo del nivel económico, pues quienes consiguen vivienda en las periferias generalmente lo hacen porque éstas resultan mucho más baratas en comparación con las que se encuentran en las zonas urbanizadas.

El tema de vivienda se ha convertido en algo preocupante, donde es urgente que el Estado intervenga, a través del diseño e implementación de intervenciones idóneas que permitan a todo individuo gozar de una vivienda digna. Nuestra propia Constitución lo establece en el artículo 4to como una garantía constitucional, por lo que deberíamos abocarnos a que esto se convierta en una realidad.

Sin embargo, para lograr esto se requiere deseo e intenciones políticas, así como una habilidad para lidiar con asuntos nada sencillos: regulaciones, estándares en la planificación, presupuestos, orden en el otorgamiento de servicios públicos, entre otros.

Nosotros, como ciudadanos, tenemos la labor de exigir a nuestros gobernantes que no caigan en conflictos que los desvíen de su verdadero propósito: el bienestar de sus ciudadanos.

Nos leemos la siguiente semana y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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