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Laura Castro Golarte

El trabajo que se imponía el Siervo de Dios, Fray Antonio Alcalde, Obispo de Guadalajara, no sólo tenía que ver con dotar de espacios para la educación y destinar el dinero necesario, sino que además se preocupaba y se ocupaba por la seguridad de los feligreses, particularmente las niñas y las mujeres desamparadas.
En la entrega pasada, enfocada en la educación para las niñas, nos referimos al beaterio y su traslado, todo un acontecimiento en la ciudad en aquel tiempo (1784).
Pues bien, resulta que la intervención y acción del dominico no se redujo a eso, de hecho, conociendo ya un poco más su carácter, resulta que el Obispo Antonio se opuso rotundamente –y no era poca cosa por el poder que llegaron a tener– a la propuesta de la Junta Subalterna de Aplicaciones y Temporalidad de que la Congregación de Maestras de la Caridad y Enseñanza se trasladara al Colegio de Santo Tomás, antigua sede de la Compañía de Jesús; y no a la que sería la casa de cuna en las inmediaciones del Santuario.
Fray Antonio Alcalde lo planteó formalmente en un documento en el que pedía a la Junta que desistiera de tal intención porque la zona donde estaba el Colegio de Santo Tomás no le parecía apropiada para las niñas y, además, ya había pensado en ese edificio para que alojara a la universidad, en cuanto el rey aprobara la solicitud.
El prelado expuso las razones por las que no quería que las niñas frecuentaran ese lugar, en una carta con fecha de 22 de noviembre de 1784. Aquí un fragmento:

“[el Colegio] se halla en el centro del lugar, inmediato a la Plaza de Armas pública y al frente del comercio y bullicio del baratillo, escuela pública de la insolencia, iniquidad y disolución, poblada a todas horas.
Su inmediación prepara los peligros que se dejan conocer sin necesidad de explicarlos a la juventud y maestras; no son comparables con los que pueda ocasionar el poco concurso de gentes y la escuela de niños, inocentes los más, sujetos a sus padres, contenidos por el respeto del maestro, refrendados con el temor del azote.
Ese baratillo es el congreso más detestable de gente ociosa y plebeya, entregada sin temor de Dios a los vicios, y por la confusa y tumultuaria multitud que lo compone, ofrece mayor oportunidad de ocultar a las niñas, seguirlas por las calles y seducirlas.
Éstas, por su misma simplicidad y candor, tendrían allí con la variedad de objetos que se presentan, y la curiosidad de su proprio sexo, estímulo a la diversión y mucha distracción en la asistencia de las escuelas.
El mayor número de esta juventud es gente pobre y miserable que por el natural rubor de su infeliz y vergonzoso abrigo, se abstraería, por la mucha gente, de concurrir al Colegio de Santo Tomas. Trasladada a ésta la Congregación, se acercaba a la que habita el centro del lugar; éste, en la mayor parte, está poblado de las niñas que gozan algunas facultades, cuyos padres regularmente las educan por sí mismos o para instruirlas en ministerios de su sexo las entregan a algunas señoras honestas de satisfacción, las entran al Colegio de Niñas de San Diego, al de Santa María de Gracia o en la misma Congregación de Enseñanza, para que sin salir de ella tomen la instrucción que facilitan, o cuando nada de esto ejecuten, tienen proporción y comodidad de que acompañadas vayan y vuelvan a sus casas, y por esto la traslación redundaría principalmente en beneficio de la juventud de facultades y en perjuicio de las niñas pobres, que las más viven en los términos y arrabales del lugar, y a cuyo favor se procuró establecer la Congregación en la Parroquia de Guadalupe, según lo acredita la misma fundación aprobada por Su Majestad”.

La cita es un poco extensa, pero creo que vale la pena porque poco se conoce la redacción directa del Fraile de la Calavera, y porque estas preocupaciones y ocupaciones no han trascendido como las grandes obras: las niñas, su bienestar, su educación y cuidado; y con ellas, la protección de la familia.
Son claras sus preguntas y acciones expresadas en los informes de sus visitas pastorales, tanto en Yucatán como en Guadalajara, sobre el matrimonio, el tipo de relación entre las parejas, los divorcios y, por supuesto, el reporte que envió al virreinato a raíz de lo que encontró en Tabasco cuando era Obispo de Mérida.
La situación era grave y atentaba contra las mujeres de la región, muchas de ellas víctimas de españoles que vivían en zonas de difícil acceso por pantanosas, selváticas y húmedas.

@arquimedios_gdl

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