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Lic. Lupita:

¿De qué nos sirve orar? La violencia aumenta y los gobernantes no buscan el bien común. Las familias se rompen, la sociedad se corrompe. Estamos llenos de guerrillas por todo  tipo de motivos, nos sentimos inseguros y confundidos. Debemos cambiar nuestras actitudes y no basta con hacer oración.

Patricia P.

Hermana mía, Paty:

Por la oración cambiarán nuestras actitudes.

¡La oración es el oxígeno del alma! Somos unidad inseparable de cuerpo y alma y, del mismo modo que alimentamos nuestro cuerpo para mantenerlo vivo, debemos alimentar el alma.

Sin oración nos deshumanizamos.

El Padre Raniero Cantalamessa habla de la forma en que Dios va actuando en nosotros a través de la siguiente reflexión: ¿Qué ocurre si, por cualquier circunstancia, estamos demasiado tiempo sin respirar? Es la terrible experiencia de la asfixia: “Me falta la respiración, me ahogo…” si supiéramos escuchar el grito de nuestra alma cuando estamos demasiado tiempo sin oración, privados del espíritu Santo, oiríamos que ella también grita a su manera: “¡Me falta la respiración, me ahogo!”; cuando alguien está a punto  de desmayarse, solemos gritarle: “¡respira, respira hondo!” Lo mismo deberíamos decirle a quien está a punto de tirar la toalla y rendirse en la lucha contra el mal: “¡respira, respira hondo en el Espíritu Santo mediante la oración!”

Estamos viviendo acontecimientos grotescos, las noticias nos llenan de desesperanza, aumenta el mal y es porque hemos dejado de alimentar el alma. Nos hemos olvidado de quiénes somos, tenemos un Creador al cual agradecer y alabar cada día; pero, ensoberbecidos, lo hemos ignorado completamente por generaciones.

¡Hoy y siempre es necesario orar!  Cristo, que vino a modelar para nosotros la forma de vivir aquí para luego entrar al cielo, oraba sin cesar. “Velen y oren, para que la tentación no los venza” (Mt. 26, 41).

“El mal es ausencia de bien”. Si nos mantenemos unidos en oración, venceremos la tentación, que es el llamado de nuestro enemigo a apartarnos de Dios. Nosotros no somos enemigos los unos de los otros, ¡somos hermanos!, el enemigo a vencer se llama pecado: soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza…y se le gana practicando virtudes: humildad, castidad, templanza, generosidad, diligencia.

La Virgen María nos llama desde siempre: “Hagan lo que Él les diga”. Este es el único camino para construir una sociedad justa, una civilización de amor.  En la base: vida de oración.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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