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Este 5 de junio entra en vigor la Constitución Apostólica “Praedicate Evangelium” con la que el Papa Francisco restructura la Curia Romana

Gustavo Alexis Márquez. Corresponsal, Roma, Italia

Uno de los elementos necesarios, aunque muchas veces criticados y cuestionados, en toda institución son los órganos de gobierno. En una empresa el llamado “corporativo”, en las instituciones públicas las “secretarías”, en una asociación civil la “mesa de directiva” o la “asamblea general”, en una institución educativa la “junta directiva” o “consejo académico”, en la Iglesia la llamada “curia”. Se trata de organismos de administración necesarios en todo grupo de personas para dar orden a los agremiados en cuestión. Su función y misión está en el sentido de servir a los afiliados para que ellos puedan desarrollar sus competencias con eficacia, en armonía y conforme a sus derechos y obligaciones, ya sea su vida, su educación, su ahorro, su trabajo, etc.

Así pues, la Iglesia también tiene su órgano de administración y gobierno, que como he dicho se llama Curia (en el caso de la Santa Sede, Curia Romana y en el caso de las diócesis, Curia Diocesana). Dicha instancia se estructuraba y regía por la Constitución Apostólica Pastor Bonus publicada en 1988 por el Papa Juan Pablo II. Definitivamente la sociedad y los contextos en que la Iglesia ejerce su misión son muy distintos a los de hace poco más de 30 años, por ello una de las principales preocupaciones de los cardenales reunidos previamente al conclave de 2013, en las congregaciones generales, fue la de reformar este órgano de administración y gobierno de la Iglesia. Así, el próximo Papa, que para entonces no se sabía quién sería, tendría una tarea que pedían un gran número de Cardenales: reformar la Curia Romana.

¿QUÉ HA CAMBIADO EN LA CURIA?

Después de nueve años de trabajo en equipo formado por nueve cardenales de los diversos continentes, se ha hecho pública la Constitución Apostólica “Predicate Evengelium” con la que se reforma la Curia Romana. Ahora bien, podríamos preguntarnos ¿qué ha cambiado? ¿cuál es la novedad?

Algunos cambios importantes que se señalan en la nueva Constitución son efectivos actualmente como la creación de la Secretaria de Comunicación, que agrupa las diferentes fuentes de información del Vaticano (Radio Vaticano, L’Osservatore Romano, Vatican News, Centro Televisivo Vaticano, etc); otros cambios son la creación del Dicasterio (ministerio) para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que agrupa los temas sociales de la Iglesia y uno más la Secretaría para la Economía, que manejará todas las finanzas vaticanas incluidos los fondos de la Secretaría de Estado, que se administraban de forma independiente. Se crea también un nuevo dicasterio dedicado al servicio de la caridad y se llamará “Limosnería Apostólica” y se fusionan el Consejo Pontificio para la Cultura y la Congregación para la Educación Católica.

La Constitución Apostólica presenta, en este orden, los Dicasterios: de la Evangelización, de la Doctrina de la Fe y del Servicio de la Caridad, etc. Se lee en esta presentación un modo de establecer prioridades en la Curia Romana.

ENFERMEDADES QUE SE PUEDEN PADECER

En 2014 el Papa Francisco en su discurso de Navidad a la Curia Romana señalaba algunas enfermedades que podían padecerse, fue un modo de invitar a una constante revisión de vida y de los trabajos que se realizan. Estos son las enfermedades que señaló: el sentirse irremplazable e imprescindible; la excesiva laboriosidad (la llamó “martalismo”, en relación a Marta, hermana de Lázaro y María: Lc. 10, 38-42 y Jn. 11, 1-2); el endurecimiento mental y espiritual (cerrazón de la mente y el corazón); la descordinación; el Alzheimer espiritual u olvido de la dimensión trascendente de la vida; la rivalidad y la ostentación; la hipocresía (que produce una esquizofrenia espiritual o dualismo de vida); las murmuraciones y los chismes; la amargura interior que se traduce en el rostro tenso y en las actitudes de falta de acogida cordial del otro; la avaricia y el apego desmedido a los bienes mundanos.

TODO CRISTIANO ES DISCIPULO MISIONERO

Otro cambio importante es la unificación en el Dicasterio para la Evangelización, entre la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización; además, los dos responsables de los dicasterios se convertirán en pro-prefectos, ya que la prefectura de este nuevo Dicasterio está reservada al Papa. De hecho, la Constitución dice: “El Dicasterio para la Evangelización está presidido directamente por el Romano Pontífice”. Otro cambio es la integración de la Comisión para la Protección de Menores, que pasa a formar parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aunque continua con sus propias normas y teniendo su propio presidente y secretario.

Con todo, quizá los cambios más significativos se encuentran en los principios generales. El preámbulo recuerda que todo cristiano es un discípulo misionero; además la especificación de que todos (y por tanto también los laicos) pueden ser nombrados para funciones de gobierno en la Curia Romana, en virtud del poder vicario del Sucesor de Pedro:

“Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo misionero en la medida en que ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús. Esto no puede dejar de tenerse en cuenta en la actualización de la Curia, cuya reforma, por tanto, debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”.

INSTRUMENTO DE SERVICIO

Además, se subraya que la Curia es un instrumento al servicio del Obispo de Roma y en beneficio de la Iglesia universal y, por tanto, de los episcopados e Iglesias locales.

“La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los obispos, sino que está al servicio de ambos en la forma propia de la naturaleza de cada uno”. Otro punto significativo se refiere a la espiritualidad: los miembros de la Curia Romana son también “discípulos misioneros”, no funcionarios, no oficinistas ni burócratas, sino bautizados con una misión de servicio en medio de sus hermanos; por ello solo podrán estar por cinco años en este servicio con la opción de una renovación para luego reintegrase a sus actividades pastorales en sus respectivas diócesis o comunidades religiosas.

Finalmente, durante la presentación de este documento, el secretario del Consejo de Cardenales, Mons. Marco Mellino, destacó cómo, a lo largo de estos nueve años, el Papa Francisco “escuchó las observaciones, opiniones, sugerencias y peticiones de los jefes de Dicasterio de la Curia Romana, reuniéndose con ellos personalmente en las sesiones del Consejo de Cardenales, pero también celebrando reuniones interdicasteriales y un Consistorio de Cardenales. También ha tenido en cuenta las opiniones y sugerencias de los episcopados locales y de otras personas”: si bien es un documento con toda la impronta del Papa Francisco, faltará que el resto de los aludidos, estén dispuestos a asumir completamente los cambios.

@arquimedios_gdl

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