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Dr. José Luis Ochoa Torres

El presente texto aborda el tema del aborto, refiriéndome a la realidad verificable. Según el Alan Guttmacher Institute, sólo en el siglo XX, fueron provocados mil millones de abortos. Si añadimos una estimación conservadora de los provocados, en lo que va del tercer milenio, llegamos a un total de 1,250 millones provocados, no terapéuticos, hecho que significa una cifra considerablemente superior a la de las muertes ocurridas como consecuencia de todas las guerras y de todas las calamidades naturales de las que se tiene memoria desde el siglo XIX hasta hoy. Este escalofriante dato revela por sí mismo la necesidad de hacer algunas precisiones sobre la despenalización del aborto.
A manera de definición del aborto apuntaré solamente que cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley, consagrada en el Artículo 1 (entre otros) de la Constitución mexicana. Así, cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho.
En este mismo sentido, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en noviembre de 1948, en su artículo tercero expresa que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

CONSIDERACIONES DE FONDO

  • Para los clásicos griegos y los cristianos medievales la libertad es, sin duda, importante, pero no es lo más importante. Cobra su pleno sentido cuando se pone al servicio de la verdad y del bien.
  • El derecho no es un mero mecanismo de dominación económica, y debe apartarse de una pretendida hegemonía cultural que ahoga el pluralismo.
  • Por otro lado, la razonabilidad práctica exige hacer el bien y evitar el mal.
  • Se aduce la prevalencia del derecho de la mujer a decidir sobre su vida; pero no debe perderse de vista que únicamente la libertad, subordinada a la verdad, engendra la felicidad.
  • Desborda el espacio de este ensayo, analizar los conceptos que aportan la biología, la antropología, la economía, la filosofía y la sociología, e incluso la psiquiatría respecto al tema.
  • El filósofo Herbert Spencer advierte que, a menudo, la razón sirve para justificar una decisión ya tomada por motivos sentimentales o pasionales más o menos conscientes y, en todo caso, ajenos a una inteligencia imparcial y soberana. Nos envanecemos con la ilusión de actuar como seres racionales y razonables y eso nos lleva a cometer errores.
  • El historiador francés Jacques Soustelle describe la vida de los aztecas antes de la conquista, y muestra que “la futura madre recibía, desde bastante tiempo antes de que naciera el niño, atentos cuidados… En suma, durante todo el tiempo anterior al parto, una red de prohibiciones y preceptos tradicionales encerraba a la madre y aún al padre con el fin de proteger al niño”.

Imponer el aborto en México no será actualizarlo, sino desconectarlo de su pasado histórico. Si se cortan las raíces, el árbol centenario terminará por caer.
TESTIMONIO DE UNA MADRE
A continuación, trascribo un testimonio desgarrador de una mujer que abortó:
“Son las siete menos cuarto de la mañana del 25 de diciembre, otra noche más en blanco. Hace cuatro días, a pesar de todo, dormía, aunque mal, mejor. Ahora el sueño es una utopía.

Tengo 31 años, y he matado deliberadamente a mi hijo. Cuando supe que estaba embarazada no se lo conté a nadie. Estaba en Estados Unidos con mi novio, enamoradísima y feliz, él no sabe nada, no quería involucrarlo.
En fin, pasé un mes y medio de angustia controlada, fingiendo que todo iba bien, pero estaba embarazada y angustiada. Todas mis preguntas eran, ¿qué voy a hacer?, ¿engordaré?, ¿se me notará?, ¿qué voy a hacer yo con un niño…? Absurda, completamente absurda, egoísta, estúpida, calculadora y fría como un témpano.
Volví a España tan pronto como pude, calculando el tiempo que tenía para llevar a cabo mis planes: Librarme de aquello que me incordiaba. Al día siguiente, con todo el cansancio del viaje, pero con mi objetivo muy claro fui a la clínica.
Y ahora, ¿quién me perdonará esto? Mi niño ya no está, yo estoy vacía. Ahora le pido perdón, con todo el dolor de mi alma y me sigo sintiendo mal, cada vez peor…, ¿por qué no me hice cargo?, ¿por qué no le dejé vivir?, ¿por qué he sido tan calculadora? …, sólo hay un por qué con respuesta ¿por qué me siento tan mal?
Es sencillo, porque lo he matado, sin pensarlo apenas, sin el más mínimo remordimiento inicial, pero ahora me gustaría tenerlo dentro de mí, creciendo, esperando su momento para llegar al mundo, y esperar el momento de tenerlo entre mis brazos, de besar esa piel tan suave que tienen los bebés, de decirle que es mi hijo y que lo quiero, que le cuidaré, ¡ya no puedo!, ya no puede ser…, espero mi niño que algún día me puedas perdonar, yo no me lo perdonaré mientras viva”.

@arquimedios_gdl

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