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DOMINGO X

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

IDEAS PARA EL CELEBRANTE

(De aquí se puede elaborar una monición de entrada para la Misa).

Nuestra asamblea no es de justos, sino de pecadores que quieren convertirse a Jesucristo. El vino a abolir toda diferencia injusta entre las personas.  Nuestra actitud no puede ser otra que ser misericordiosos como Jesús.  La Palabra de Dios hoy nos anima a ser misericordiosos como Dios.

Por eso, confiando en la misericordia de Dios, participemos jubilosos en esta celebración…

(Aunque ya llevamos dos semanas desde que retomamos el Tiempo Ordinario, después de Pentecostés, hoy es el primer domingo en que leemos las lecturas correspondientes a un domingo de este Tiempo.  Por eso, tal vez convenga hacer un repaso de algunos elementos propios de este Tiempo en este Ciclo A que se pierden en los lejanos días anteriores a la cuaresma.  Por ejemplo, retomar algunos elementos propios del Evangelista Mateo…).

LECTURAS

Escucharemos a Oseas diciéndole a los israelitas que el amor que les tiene el Dios de la alianza debe verse reflejado en las relaciones misericordiosas entre ellos.  En el evangelio de Mateo se recoge una de las palabras con las que Oseas exhorta al pueblo: “Quiero amor, no sacrificios”, para mostrar que, acogiendo a los pecadores y comiendo con ellos, Jesús se hace portavoz de la misericordia de Dios.  En este mismo sentido se expresa el salmo responsorial, apelando al verdadero culto que agrada al Señor y que nosotros estamos llamados a ofrecer.

Oseas 6, 3-6: Oseas predicó a mediados del siglo VIII antes de Cristo, en un período de profunda crisis política y religiosa, bajo el reinado de Jeroboam.  En esas circunstancias, el profeta presta su palabra como un diálogo entre su pueblo y su Dios para invitarlo a que vaya más allá del culto externo y sea misericordioso.

Salmo 49: Este salmo nos presenta los mismos pensamientos que hemos escuchado en la primera lectura.  Dios nos pide conversión y nos que la sinceridad acompañe nuestras oraciones y prácticas religiosas.  Unámonos a la reflexión del salmista.

Romanos 5, 12-15: Pablo explica a los romanos y a nosotros que Abrahán es modelo del creyente que es justificado porque mantuvo la fe a prueba de toda adversidad… Así debemos de creer y confiar en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros.

Mateo 9, 9-13: El Evangelio de hoy nos narra la vocación de Mateo, el publicano, y lo que acontece en la comida en casa de este, cuando Jesús comparte la mesa con personas que, por sus costumbres y profesión, eran consideradas por los puritanos fariseos como ritualmente impura.   El Señor nos invita a ser misericordiosos y declara haber venido a buscar a los pecadores.  Reflexionemos esta Buena Noticia.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Oremos a Dios Padre, que de todos se compadece, porque somos suyos y digámosle con fe: “Por tu misericordia, escúchanos”.

1.     Por la Iglesia, para integre a todos en sus seno: a los hermanos separados, a los

judíos, a los hombres de todas las religiones, a los ateos, a los «mal

vistos por la sociedad», y que nadie se escandalice por ello.  Oremos.

2.     Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que en todo momento reflejen ese amor misericordioso de Dios, que acoge y ama a todos, sin distinción alguna.  Oremos.

3.     Por los que gobiernan las naciones, para que en sus programas de gobierno no excluyan a nadie, sino que implementen políticas equitativas, que favorezcan a todos por igual.  Oremos.

4.     Por los marginados de nuestra sociedad, para que sientan este día el amor incondicional de Dios que nos atiende a todos y que sientan el apoyo de nosotros, como pueblo de Dios.  Oremos.

5.     Por todos nosotros, para que nos convenzamos de nuestra situación de pecadores y no nos creamos mejores que los demás.  Oremos.

Celebrante: Escúchanos y guíanos, Señor, por el buen camino, para que veamos tu salvación.  Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS

Preparamos la mesa del santo sacrificio llevando al altar nuestras humildes ofrendas de pan y de vino.  Presentemos también nuestra generosa ofrenda económica.

COMUNIÓN

Al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, somos invitados a compartir generosamente con nuestros hermanos, sin hacer excepción alguna.  Confiando en el vigor que nos ofrece este celeste Manjar, aprendamos a amar, como Dios nos ama.

DESPEDIDA Y BENDICIÓN

Queridos hermanos, sabiendo que Dios ha sido misericordioso con nosotros, vayamos ahora a practicar la misericordia con los demás, incluso con aquellos a quienes nosotros consideramos marginados sociales y morales.

Y que los bendiga Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.  R/ Amén.

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