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III DOMINGO DE ADVIENTO

DOMINGO DE LA ALEGRÍA

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

IDEAS PARA EL CELEBRANTE / GUÍA

Con demasiada frecuencia estamos o nos sentimos tristes. En este Tercer Domingo de Adviento la liturgia nos habla precisamente de Dios como el Señor de la alegría.  El Señor se siente feliz por venir a nosotros: “Él danzará con gritos de alegría por ustedes, como en un día de festival”.  Para el Señor, el estar con nosotros es una auténtica fiesta.  ¿Es una fiesta también para nosotros el estar con él? Abrámonos a la alegría de la venida y de la presencia duradera del Señor entre nosotros. Él viene a nosotros con su paz, su amor y su perdón, no solamente en la gran fiesta de Navidad, sino en cada eucaristía y cada día, cuando estamos dispuestos a hacer crecer en nosotros y en nuestro mundo el amor y la paz de Dios.

SALUDO

No hay que tener miedo ni que preocuparse, porque el Señor quiere que ustedes sean felices, y él está cerca de ustedes.

Su paz y alegría esté siempre con ustedes.  R/ Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

La alegría del Señor se vuelve tangible para nosotros también cuando Dios nos reconcilia consigo mismo con el perdón que él siempre nos ofrece.  (Pausa)

•      Señor Jesús, tú eres un Dios cercano a nosotros, y por eso nos atrevemos a decir: Guárdanos en tu amor.  R/ Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, sintiéndote cercano e íntimo a nosotros, ya no hay mal al que temer.

Guárdanos en tu gozo y alegría. R/ Señor, ten piedad.

•      Señor Jesús, tú nos pides que seamos felices y que no vivamos ya más preocupados,

porque tú estás cerca de nosotros. Guárdanos en tu paz.  R/ Señor, ten piedad.

Oh Dios que vives en medio de nosotros, sana nuestros miedos causados por el pecado, otórganos la alegría de tu perdón y llévanos a la vida eterna. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, fuente de toda felicidad, tu Hijo Jesucristo nos trajo noticias alegres sobre tus planes para nuestra vida.

Haz que sintamos el Espíritu y el fuego de tu Hijo para amar como tú nos amas y aceptar a nuestros hermanos, para compartirles lo que tenemos y para hacer lo que es recto y justo.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.  R/ Amén.

LECTURAS

Sofonías 3, 14-18a: A un pueblo rodeado de enemigos, cansado y temeroso el profeta le anuncia: Alégrate porque El Señor te va a perdonar y te salvará… Él está en medio de ustedes y los renovará con su amor…

(Responsorio) Isaías 12, 2-3. 4b. 5-6: Dios nos salva, nos da su fuerza, nos alimenta… por eso debemos compartir nuestra alegre experiencia del Señor y sus dones en nuestra vida con otras personas…

Filipenses 4, 4-7: San Pablo dice que debemos estar siempre alegres, que no nos preocupemos, que confiemos más en Dios, que seamos mesurados y experimentemos su paz… y que contagiemos estas actitudes, porque el Señor está siempre cerca de nosotros…

Evangelio Lucas 3, 10-18: Juan el Bautista nos anuncia que Jesús vendrá para bautizarnos con Espíritu Santo y con fuego, por eso nos invita a que nos preparemos para su venida haciendo acciones y gestos concretos cada día desde nuestro ser y quehacer: Aprender a compartir, respetar y no abusar de los otros, ser justos y moderados… Nosotros también debemos preguntarle: “y yo, ¿qué debo hacer?”

ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Si hay demasiada poca alegría entre nosotros, quizás sea porque no somos suficientemente cristianos… Pidamos al Dios de toda alegría que podamos vivir siempre en su alegría y en su paz, y digamos: “Señor, tú eres nuestra alegría”.

1.     Por la Iglesia, es decir, por todos nosotros, para que proclamemos siempre el evangelio como Buena Noticia de gran alegría, como mensaje de liberación y esperanza para todos, roguemos al Señor.  R/ Señor, tú eres nuestra alegría.

2.     Por el mundo frío de hoy, el mundo de los negocios, de la gestión y producción, el sub-mundo del consumismo,  con su dosis tremenda de manipulación e injusticia, para que entre nosotros de nuevo se preste atención a las personas y se recupere el sentido de la justicia, de la alegría y la celebración, roguemos al Señor.  R/ Señor, tú eres nuestra alegría.

3.     Por los pobres y los que sufren, para que les demos no solo lo material que necesiten, sino que les llevemos el calor de nuestro amor y la alegría de la esperanza, roguemos al Señor.  R/ Señor, tú eres nuestra alegría.

4.     Por los cristianos del mundo entero, dondequiera que estemos, para que aprendamos a guardar nuestra serenidad en las pruebas – que son parte de la vida -, y para que veamos que las cosas de este mundo tienen sólo un valor relativo, roguemos al Señor.  R/ Señor, tú eres nuestra alegría.

5.     Y por todos nosotros, para que tengamos sentido del humor, que seamos capaces de reírnos a nuestra propia costa,  y que gocemos también de  sentido de gratuidad, que nos capacite para hacer cosas gratis y por la pura alegría de servir a los hermanos, roguemos al Señor.  R/ Señor, tú eres nuestra alegría.bb

Celebrante: Señor Dios nuestro, Tú nos has traído libertad por medio de Jesús, tu Hijo. Queremos vivir en tus manos como personas libres, y gozando de gran alegría. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.  R/ Amén.

INVITACIÓN A ORAR CON EL PADRENUESTRO

Con confianza y alegría oremos a nuestro Padre del cielo pidiéndole que envíe su Reino a nuestro mundo.  R/ Padre nuestro…   

INVITACIÓN A LA COMUNIÓN

Este es Jesús, el Señor… Dichosos nosotros invitados al banquete de su alegría.  R/ Señor, no soy digno…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios nuestro, Tú has renovado nuestra esperanza y alegría en esta celebración.

Ayúdanos a encontrar la alegría no en la satisfacción egoísta ni en las posesiones materiales, sino en nuestra vida comunitaria y en la relación contigo.  Ayúdanos a ser siempre cálidos, afables, generosos y bondadosos con nuestros hermanos.

Haz que cada día sea digno de vivirse gracias a la presencia entre nosotros de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.  R/ Amén.

DESPEDIDA Y BENDICIÓN

Hermanos: Nosotros tenemos nuestros problemas y preocupaciones, como cualquier otra persona humana.  Sin embargo, gracias a nuestra confianza en Dios y a la tranquilizadora certeza de que el Señor está siempre cercano a nosotros, conservamos nuestra serenidad y nuestra alegría.

Que nuestro gozo cristiano sea contagioso, reforzado con la bendición del Señor…

El Señor esté con ustedes…

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.  R/ Amén.

Vayamos a contagiar nuestro mundo de la activa alegría cristiana.  R/ Demos gracias a Dios.

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