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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

El Papa ha dirigido una carta al presbiterio romano el 5 de agosto, desde Lisboa, en el marco de la JMJ, y cercano a la fiesta de san Juan María Vianney. Quisiera, de ella, resaltar un aspecto que se intuye en su lectura: convertir al presbiterio diocesano en una verdadera comunidad terapéutica. Se intuye, digo, porque el Papa no lo menciona así, pero se puede deducir de sus palabras: “Tenemos [los presbíteros]necesidad de intercambiar miradas llenas de cuidado mutuo y compasión, aprendiendo de Jesús que así miraba a los Apóstoles, sin exigirles una hoja de ruta o programa de trabajo dictada por la eficiencia, sino ofreciéndoles atención y recuperación”.
Un presbiterio tan numeroso y heterogéneo como el de nuestra Iglesia de Guadalajara dificulta a que sea verdaderamente terapéutico, pues ni siquiera llegamos a conocernos entre nosotros. Pero en este rubro algo se está haciendo, algo se puede afianzar y hay algo que también podemos y debemos cambiar.
La Comisión Diocesana del Clero o de la Formación Permanente ofrece espacios ya establecidos que son de un gran valor que nos encaminan a vivir este carácter terapéutico: las tandas de ejercicios espirituales anuales y de formación, sobre todo a las generaciones más jóvenes; las jornadas de estudio y los folletos de temas para el Decanato, todos bien elaborados y oportunos.
Una de las experiencias terapéuticas más sobresalientes y exitosas es la del Proyecto Génesis, en casa Alberione.
Sin duda, las reuniones periódicas por generaciones y la amistad entre los que se acompañan mutuamente desde la formación del Seminario también tienen este carácter curativo.

En nuestra diócesis existe, gracias a Dios, la mutual del clero y el seguro para automóviles. Sin embargo, sobre el tema de la mutual se experimenta en las reuniones de Decanato un gran desasosiego, pues ya nos cansamos de pedir que este tema, esencialmente terapéutico del presbiterio, sea tratado en la reunión de Consejo Presbiteral y hemos venido dando sugerencias, sin que sintamos que se nos escuche y menos que se atienda el problema.
En cuanto a lo que se debe afianzar es la vivencia del presbiterio a nivel de Vicaría Episcopal y Decanato, que son los espacios privilegiados de la formación y la fraternidad sacerdotal. Que no sea a iniciativa o creatividad sólo del Vicario Episcopal o del Decano, sino que haya un proyecto integral que ofrezca las herramientas y medios para lograr llegar a serlo.
Lo que el Papa subraya como algo que debe erradicarse urgentemente es la enfermedad del clericalismo, que es una forma de mundanidad espiritual, es decir, cuando desconfiamos unos de otros y nos andamos cuidando, ofreciendo máscaras y no una relación fraterna y sincera; cuando damos más importancia a los títulos o cargos; cuando juzgamos a los demás y generamos crítica destructiva, chisme y murmuración unos contra otros; cuando buscamos más los bienes efímeros de este mundo y nos olvidamos de los bienes eternos; cuando en vez de tender la mano al hermano caído, lo aplastamos con nuestros juicios.

@arquimedios_gdl

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