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“El destino de las civilizaciones depende de a quiénes tienen como modelo las masas: si a los sabios o a los comediantes. Hoy, sabios, ya casi no hay; los comediantes acaparan los espacios masivos”, escribió Arnold Toynbee, en “Estudio de la Historia”.
La descripción que hace este historiador inglés de nuestros gobernantes tiene muchos ejemplos, por desgracia, ligados –no por profesión sino por pobre estilo propio de simulación- a la comedia y al entretenimiento.
El hecho de que tengamos en México, en este sentido, un presidente de chiste, se trata de un asunto serio.
No es para que soltemos la risa o para que hagamos eco de sus burlas y desprecios, solo porque es el Ejecutivo, sino para aprender de sus malas actitudes.

Lejos de tomar las cosas con seriedad por la grave situación que atraviesa el país en muchos ámbitos (inseguridad, salud, educación, etc.), sus respuestas son ocurrencias e ironías.

No tiene miedo hacer el ridículo, que se ha convertido en una forma de gobierno. Con la respuesta que dio, que todos conocemos, al asunto de los cinco jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno, no solo muestra falta de sensibilidad, sino perversión.
Y al manifestar que no se disculparía por ello, no solo mostró falta de humildad, sino cinismo.
Si analizamos sus “mañaneras” (y no hace falta hacerlo de una manera científica), ordinariamente está con una risita burlona en la boca, sátira, despreciativa, considerando a su público como cosa menor que él. ¿Así le piden que actúe? Por lo menos así lo ha asumido el mandatario.
¿Por qué payasear ante cualquier situación, seria o no? Además, no entendemos por qué algunos reporteros presentes en sus soliloquios de cada día le hacen eco a sus chistoretes, lo engrandecen como si ésta fuera la mejor forma de responder a la nación.

Burlarse, no tomar las cosas en serio, reírse de la desgracia ajena (niños con cáncer, por ejemplo) ha sido una de sus formas (decir estrategias es decir demasiado) para “responder” cuando no quiere, no puede o no sabe cómo hacerlo.

Otras formas de contestar, a lo que le parece incómodo, las deriva en decir que él tiene otros datos, que es para desprestigiarlo, que es asunto de conservadores, cita frases de la Biblia a su conveniencia, etc. Ya conocemos sus métodos de evasión.
El asunto de las desapariciones, el más grande número en un sexenio, el de él, ha sido tomado con desprecio, evadiendo, con indiferencia, sin atención a las víctimas, con burla.

“Lo que vemos es mucha indiferencia de parte de las autoridades, que deberían estar más preocupados por atender a los jóvenes y tomar decisiones más firmes” (Cardenal Francisco Robles)

Y no tomarlo como broma, porque “el crimen está bien posicionado en todos los niveles”, señaló el purpurado.
Abundó: “El clima de inseguridad que estamos viviendo no disculpa a ninguno de los niveles. No es cosa de pasarse la responsabilidad, sino de enfrentar con toda la autoridad de la ley lo que está pasando. De otra forma no se va a componer esto”, porque “en todo lo que está pasando hay complicidad, hay impunidad, hay protección”.
No es, pues, para nada, asunto de chiste.

@arquimedios_gdl

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