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Sergio Padilla Moreno

Tal como lo he mencionado en esta columna en varias ocasiones, es menester recordar que este año 2024 nos brindará la oportunidad de conmemorar y conocer mejor al destacado compositor operístico Giacomo Puccini, ya que el próximo mes de noviembre marcará el centenario de su fallecimiento, acaecido el 29 de noviembre de 1924, cuando contaba con 65 años. Hoy vale la pena hablar de su proceso de inspiración y para ello vamos a recurrir al extraordinario libro Música e inspiración, del violinista, periodista y crítico musical Arthur M. Abell (1868-1958), quien tuvo la oportunidad de conversar con Puccini sobre diversos temas, entre ellos, la inspiración.
El primer encuentro entre Abell y Puccini se dio en Brescia el año 1904, ya cuando el compositor italiano había estrenado tres de sus óperas más emblemáticas: La bohéme (1896), Tosca (1900) y Madama Butterfly (1904). La primera pregunta que se le planteó a Puccini fue en torno a la inspiración:
“–¿Me podría revelar algunos secretos que estén en relación con este proceso, para provecho de los lectores?”.
La respuesta de Puccini es de lo más profunda y sincera: “El gran secreto de todos los genios creadores se encuentra en el hecho de que poseen la fuerza de apropiarse de la belleza, grandeza y excelsitud qua hay dentro de su alma, como elementos que forman parte del Todopoderoso, y, al mismo tiempo de comunicar tal riqueza a los demás.”
Sigue explicando Puccini ante la pregunta de cómo hace uso de estas fuerzas del alma cuando escribe una ópera: “En primer lugar, acumulo toda la fuerza del Yo en mí. A continuación, siento una ardiente necesidad y una fuerte decisión de crear algo digno. Esta necesidad, este anhelo, incluye el convencimiento de que puedo conseguir mi objetivo. Después pido, con fervor, al Poder que me creó, que me dé la fuerza suficiente. Esta plegaria, esta oración se debe combinar con la esperanza de esta ayuda superior me será concedida. Así, esta fe total deja campo libre a las vibraciones que, desde la dinamo, desde el centro de mi alma, fluyen en mi conciencia; han nacido las ideas inspiradas”.
Cuando se refiere a la composición de Madama Butterfly, Puccini comparte lo que le dijo a su amigo, el compositor Piero Mascagni: “La música de esta ópera me ha sido dictada por Dios; he actuado exclusivamente como herramienta; la he escrito y la he dado a conocer al público”. Con esta confianza y apertura de su alma es como Puccini va compartiendo en torno a muchos tópicos de su actividad creadora.
Me gustaría compartir, amable lector, que por “casualidad” di con este libro, gracias al profundo diálogo del Dr. Manuel Sans Segarra con el musicólogo Oriol Pérez Treviño, quien hace una de las dos introducciones al libro de Arthur Abell, la cual titula: “Las conversaciones de Abell: un testigo del acceso al misterio de Dios y la inspiración musical”. El video de este diálogo, disponible en Youtube, se titula: El secreto de las grandes canciones está en la Supraconciencia.

padilla@iteso.mx
https://www.youtube.com/watch?v=iEuip4aTgNo

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