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V DOMINGO

Dios no quiere que condenemos con violencia sino que liberemos con amor

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE QUINTO DOMINGO DE CUARESMA?

Isaías 43, 16-21: Dios le dice a su pueblo escogido, que sufre en el desierto: Las grandes obras de salvación realizadas en favor de ustedes en el pasado no son nada comparadas con las que realizaré en el futuro; haré de ustedes una nueva creación…

Salmo 125: El Señor ha hecho maravillas por nosotros, nos ha hecho renacer… Se siembra con dolor, pero se cosecha con alegría…

Filipenses 3, 8-14: Pablo nos dice que conocer a Jesús es lo más importante y nos da testimonio de que por él hay que renunciar a todo y unírsele, conocerlo y experimentar su muerte y resurrección… Por eso, debemos esforzarnos en conquistar aquello para lo que Cristo nos ha conquistado… dejemos lo pasado y lancémonos a conquistar la meta…

Juan 8, 1-11: La misión de Jesús no es juzgar ni condenar, sino perdonar y dar nuevas oportunidades de vida plena… Así trató a la mujer sorprendida en adulterio…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Dios, a través de su amor, puede descubrir el potencial de cualquier persona o pueblo, así lo hizo con el pueblo de Israel (primera lectura y salmo), con la primitiva iglesia (segunda lectura) y con la mujer sorprendida en adulterio (evangelio)… Él continúa interesado en liberarnos de nuestras ataduras para que podamos crecer y, si es necesario, renacer… Para que podamos amar y liberar a nuestros prójimos… Pero nosotros hemos de aceptar su invitación liberándonos de nuestras ataduras pasadas y comprometiéndonos a luchar por alcanzar una meta futura por amor a él y como él nos enseña… ¿Noto la diferencia entre el pasado que cargo y le futuro que Dios quiere para mí?

En la oración colecta le pedimos a Dios que “avancemos animosamente hacia aquel grado de amor con el que tu Hijo se entregó a la muerte…” Es una invitación a crecer conscientemente en el amor… A veces se nos olvida que existe una graduación en el amor… Para llegar a ser misericordiosos y perdonar se necesita haberse cultivado mucho el amor… Se necesita dejar atrás el pasado y lanzarse, confiando y siguiendo el ejemplo del mismo Dios, hacia el futuro con una meta clara: alcanzar la perfección en su estilo de amar… ¿De qué calidad y profundidad es mi amor hacia mí mismo?  ¿De qué calidad y profundidad es mi amor hacia los demás, especialmente hacia mis enemigos?

Imaginemos hoy la escena que nos presenta el evangelio como si hubiésemos estado ahí… Fijémonos con que habilidad Jesús no se deja enrolar y detiene el curso del juicio que se estaba desarrollando; sus gestos, actos y palabras rompen la inercia violenta que traía el grupo… consigue que cada uno de los presentes entre en su interior y se examine a sí mismo antes de condenar a aquella asustada y arrepentida mujer… Jesús no vino para condenar a nadie, ¡ni siquiera a aquellos que querían apedrear a la adúltera!  ¿Cómo me impacta esta actitud de Jesús?  ¿Con cuál de los personajes me identifico más fácilmente? 

El Señor nos hace cambiar el enfoque con el que estamos percibiendo nuestra vida y la de los que nos rodean… Dios nos hace percibir desde su propia manera de mirar; quiere hacer todo nuevo en nosotros; nos hace entrar en nosotros mismos para que nos confrontemos y se nos abra la posibilidad de crear nuevos caminos, de reblandecer lo seco de encontrar racionalidad y amor en medio de la rudeza y la agresividad… ¿Acepto su desafío?

El salmista dice que “al ir iban llorando, llevando la semilla, al regresar, cantando, vendrán con sus gavillas”… estas palabras evocan momentos de nuestra vida en los que nos toca trabajar en medio de sufrimientos y sin poder divisar siquiera alguna luz en el futuro, en los que necesitamos confiar en Dios y seguir caminando hacia lo que él nos propone hasta lograr dar frutos… Pablo entendió y vivió ese proceso: cambió sus valores y creencias; dejó de considerar importantes las cosas que antes lo absorbían; decidió invertirlo todo por Jesús y la misión que le encomendó… Jesús transformó a Pablo a través del amor que llenó el vacío que tenía, lo llevó a sentirse justificado y por eso se le entregó… Pablo conoce a Cristo, experimenta su fuerza, se identifica y comparte su misión y sufrimientos, tanto que quiere asemejársele en su muerte para vivir su resurrección… Este es un itinerario espiritual que bien puede ser aplicado a cada uno de nosotros… ¿En qué parte de este proceso estoy yo?

Por otro lado, los maestros de la ley y los fariseos tenían una manera muy agresiva de interpretar la voluntad de Dios y por eso condenaban fácilmente a todos… Si nos preguntáramos qué es lo que hay en un corazón para ser tan duro, la respuesta sería sencilla: todo, menos el Dios de la misericordia y el perdón… Ellos no necesariamente pueden ser calificados como “malos”, sino más bien como personas con una muy pobre experiencia del amor y de la misericordia… También nosotros podemos descubrir en nuestra vida que cuando nos falta la experiencia del verdadero amor cristiano condenamos fácilmente a los otros… Normalmente, vemos la vida desde nuestras distorsiones internas… Por eso Jesús lleva a las personas a entrar en sí mismas para poder descubrir las mismas fragilidades que su prójimo caído… Luego, quien es capaz de descubrir al Dios-amor se enamora de él y se vuelve misericordioso, en cambio, quien se aferra a sus debilidades y traumas se amarga más y se hace más agresivo… Jesús nos invita a hacer una interpretación amorosa de la ley que sea respetuosa y que esté a favor de todo ser humano… Obviamente, Jesús no solapa a nadie sino conquista con amor e invita a cambiar, por eso dice “vete y no peques más”… Jesús nos invita a mirar dentro de nuestro corazón (a evaluar nuestra propia vida) antes de lanzar piedras a los demás… Jesús no quiere que seamos jueces sino hermanos misericordiosos… ¿Le creo a Jesús?  ¿Me conquista?  ¿Quiero ser y actuar como él?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.            Esta semana realiza algunos ejercicios de misericordia.  Por ejemplo:

Elige una persona que te es molesta y a la que tú criticas…

¿Qué es lo que condenas de ella?

¿En qué te pareces a ella?

Una vez que descubres en ti algunos rasgos parecidos a los de ella, ¿puedes seguirla condenando? 

Además, ¿crees que Dios la condena o que la comprende?

(Puedes repetir este sencillo ejercicio aplicándolo a varias personas).

2.            Descubre si crees o no crees en el perdón de Dios.

Cuando creas que el perdón no es posible… Responde a la siguiente pregunta:

¿Qué acontecimientos de tu historia te impiden creer en el perdón de Dios?

Tal vez, necesitas dedicar tiempo para descubrir en qué parte de tu vida te “atoraste”… Sólo así sabrás lo que debes cambiar…

Si no puedes hacerlo solo, busca orientación profesional o dirección espiritual, según sea el caso…

3.            En tu oración de esta semana, pídele a Dios, todo misericordia, que te ayude a reconciliarte con tu propio pasado para poder sentirte amado por él y perdonar a tus prójimos…

Que tu meta sea vivir como Jesús, en él y con él…

@arquimedios_gdl

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