upc4

                                                                         Hugo Gaucín

Una mirada a la situación del ser humano bajo la luz de la fe. Todos conocemos la triste realidad de las adicciones, sabemos de personas o incluso las sufrimos en nuestra propia carne. Un mal que daña a quien lo vive y los que le rodean, se trata de una enfermedad social promovida muchas veces por intereses mezquinos.

El alcohol, las drogas, sexo o pornografía, son comunes, pero también hay otras que no identificamos como conductas adictivas y lo son como la doble vida, la adicción al trabajo, las apuestas, actividades de alto riego, etc. Demos una mirada a este problema a la luz de la Sagrada Escritura, Dios nos ha hablado por medio de Ella.

Qué nos enseña la Iglesia

El libro Génesis, con su peculiar forma de explicar mediante una redacción alegórica, quiere enseñar verdades fundamentales de fe: Dios es Creador «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn 1,1) Dios creó al ser humano «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (Gn 1,26). El ser humano fue creado en dignidad de persona, es decir, capaz de, con sus facultades espirituales y corporales, construirse y realizarse a sí mismo. Dios que nos acompaña y nos guía, quiso que contribuyéramos creativamente en nuestra realización.

Si Dios creó todo ¿Dios creó el mal?

Dios no quiere el mal, quiso al ser humano consciente de sí y libre, dueño de sus actos, lo estableció en una relación personal con Él, sin coacción para que decidiera adherirse a su Creador o rechazarlo. La Escritura dice que, por el pecado, abuso de la libertad dada por Dios, el mal entro en el mundo, al pecado de los orígenes le antecedió una idea de sospecha y desconfianza a Dios introducida por el Diablo: «Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» (Gn 3, 4-5).

Nuestra fe reconoce la Sagrada Escritura como inspiración del Espíritu Santo, encuentra en Ella la expresión real de la experiencia interior de todos los seres humanos. Aún si por el sacramento del Bautismo nos es “borrado” el pecado original, las consecuencias del pecado repercuten en nuestras vidas; Dios nos perdona de todos nuestros pecados, pero de sus consecuencias no nos puede librar y no es que no pueda, es que pertenecen a nuestra libertad, libertad que Él nos dio y no va a desdecirse.

Después del pecado, el ser humano perdió el estado de gracia primera de cuando fue creado, esto trajo consigo un desencadenamiento de rupturas en su interior y en sus relaciones: a nivel espiritual y psíquico se rompió la relación de confianza con Dios y el dominio de sus facultades espirituales sobre el cuerpo; el daño del pecado a nivel social, se manifiesta en las relaciones humanas llenas de tensión, marcadas por el deseo carnal y dominio a través del sometimiento; también la creación se le vuelve hostil, extraña e indiferente, sometida a la corrupción (Cf. Rm 8,18-21) que alcanza también al ser humano en la muerte (Cf. CEC 400).

¿Y qué tiene que ver todo esto con las adicciones?

En pocas páginas es imposible hablar de todas las adicciones, no es la intensión de este artículo, queremos ofrecerte qué nos enseña la Sagrada Escritura sobre la situación interior del ser humano que antecede a las adicciones. Tampoco es una guía metodológica de cómo prevenirlas o iniciar el camino para curarlas; reconocer que tenemos un problema y cuál es el origen de ese problema es solo el primer paso de un gran camino arduo en el que no se anda solo.

Intimidad y relacionalidad

La evidencia de una fractura espiritual anterior a las adicciones

Si alguno no es cristiano o su fe pide pruebas como la fe del Apóstol Tomás, puede dudar de aquello que decimos. Los seres humanos podemos dudar de lo que sea, pero cuando nos toca la experiencia de vivirlo, aquello en lo que dudábamos se vuelve certeza. Todos sin excepción tenemos la experiencia interior: sabemos que es más fácil hacer el mal que el bien, es más fácil no cuidarnos que levantarse temprano y hacer un poco de ejercicio, es muy difícil tener hábitos de estudio, lectura, comida sana, etc., pero es muy fácil simplemente entregarnos a nuestros gustos y placeres.

San Pablo, el gran apóstol y misionero, confesó sentir tal situación y lo expresa así en su carta a los Romanos: «Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado» (7,21-23).

¿De dónde viene esta contradicción interior?

La Sagrada Escritura nos refiere que el ser humano después del pecado quedó lastimado en su intimidad y relación: «Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?” Este contestó: “Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí”» (Gn 3, 9-10). El pecado de Adán tuvo por antecedente la influencia y construcción de una imagen falsa de Dios celoso de sí «Dios sabe muy bien que el día en que comiereis […] seréis como dioses» (Gn 3, 4-5) La relación entre Dios y el ser humano quedó fracturada por la desconfianza. El pasaje del Génesis dice que el hombre ya no quiso mostrar su desnudez por miedo, el miedo que nos lleva a esconder nuestros pecados corresponde al hecho de no querer ser rechazados, la intimidad en cierto modo está relacionada a la aceptación.

Cuando pretendemos esconder nuestro pecado a los ojos de Dios, no es realmente a Él sino a la imagen de un falso dios juez y castigador que nos hemos construido, esa desconfianza genera más y peores imágenes de Dios  que nos constriñen y hasta lo que es bueno en nosotros lo hace ver como malo.

El tentador sabía perfectamente que, sin la relación de intimidad entre el ser humano con Dios, éste nunca podría realizarse.

Adicción al sexo, una intimidad reducida

Todo ser humano necesita de intimidad, un encuentro de aceptación donde no existan máscaras, sea realmente quien se es y no exista la tensión que provoca el miedo a ser rechazado.

Estos encuentros que construyen a la persona humana se viven en edades tempranas dentro del núcleo familiar, continúan en la amistad espontánea en todas las edades y su ejercicio que involucra cuerpo y alma se hace exclusiva en la relación hombre y mujer dentro del matrimonio.

La adicción al sexo equivocadamente pretende sustituir esta necesidad de intimidad espiritual por una de tipo carnal (que de sí son complementarias), y es que en las relaciones sexuales sucede la expresión sensible de esta realidad espiritual, es un encuentro entre dos personas completamente desnudas (ser quien se es), en aceptación mutua (no rechazo).

La búsqueda por cubrir esta necesidad espiritual y otros factores de tipo psíquico y fisiológico que encuentran placer en ello, son “tierra fértil” para que una persona inicié con patrones viciosos.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.