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La oración, la convivencia y la Eucaristía deben ser el centro de nuestras celebraciones.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Estamos concluyendo el tiempo de Adviento, acercándose ya la Navidad.
Vale la pena reflexionar sobre estos días y prepararnos para la vivencia personal y comunitaria de estas celebraciones.
Este cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos invita a cuestionarnos si el Salvador está presente o ausente en nuestras vidas. Las lecturas de hoy nos recuerdan que Dios quiere estar con y entre nosotros a través de Jesús, pero qué tanto le permitimos estar cerca cuando, en las celebraciones “de fin de año”, nos perdemos entre el ajetreo de las compras, el trabajo, el tráfico que se incrementa y el trajín que nos absorbe y nos deja poco espacio para la espiritualidad.

EMPECEMOS POR LAS POSADAS
En plática con Mons. Ramón Salazar Estrada, Obispo Auxiliar de Guadalajara, englobó las celebraciones navideñas en tres momentos:
“En primer lugar, las posadas, que son la novena (que inicia el 16 de diciembre). Estos nueve días nos ayudan a ir disponiéndonos a la fiesta de la Navidad.
“Los nueve días que, de alguna manera, paso a paso, van dando la pauta para disponernos a vivir este misterio del nacimiento del Hijo de Dios. Cada uno de los días tiene su sentido, porque nos acercan al Nacimiento a través del proceso del caminar por Israel de aquella familia de Nazaret”.

“Tres cosas tendríamos que considerar en las posadas: la primera, el aspecto del rezo, la oración; en muchas partes hacemos el rezo del santo Rosario, en otras, una reflexión de la Palabra u otro tipo de oración sencilla, pero el rezo es importante en cada posada”.

LA ILUSIÓN DE LA ESPERA
“La segunda es el canto de la petición de posada, que nos ayuda a recordar ese caminar en familia del matrimonio de María y José en Belén, buscando dónde pudiera dar a luz la Santísima Virgen, buscando un lugar propicio, una posada, como dice la misma palabra, y esa petición de posada nosotros
la hemos hecho tradicionalmente a través del canto.
“Y la tercera, es el momento de encuentro, la convivencia, el formarnos como Iglesia que espera, como familia reunida en torno al misterio del nacimiento del Hijo de Dios.
“En algunos lugares no existe el rezo o la petición de posada, sino sencillamente es una fiesta y hasta ahí. Lo que nos convendría tener muy en claro son estos tres momentos”, explicó Monseñor Ramón.

LA FIESTA DEL NACIMIENTO
Respecto a la celebraciones del 24 y 25 de diciembre, el Obispo Auxiliar identificó dos momentos: “la Noche Buena el 24, y el 25, día de la fiesta solemne, el Nacimiento.
“La Noche Buena acostumbran muchos, todavía, gracias a Dios, reunirse en familia a esperar la llegada del Salvador.

“El nacimiento del Hijo de Dios es un momento que tenemos que aprovechar para vivirlo cristianamente, vivirlo en la fe, a través de la oración, a través de la lectura de la Palabra de Dios”, asegura Mons. Ramón Salazar Estrada.

“Se puede leer el texto de cómo es que la Santísima Virgen María tuvo que dar a luz en aquel pesebre, no había lugar para ellos en la posada. Eso reflexionarlo en Noche Buena, antes del momento de la convivencia, de la cena, del departir con los demás.

“Si a la Noche Buena le damos esos dos momentos, sería algo muy digno cristianamente: momento
del encuentro con la Palabra, de la oración, y finalmente, el momento de la convivencia, momento del encuentro mediante la plática con los demás.

NO NOS OLVIDEMOS DE LA SANTA MISA
“Al día siguiente, que es la Navidad, el día 25 de diciembre, tendríamos, por supuesto, la celebración de
la Eucaristía como parte central. Es importante para celebrar la presencia del Hijo de Dios, el Emmanuel, el Dios con nosotros. Dios que se ha hecho hombre para estar con nosotros, con la humanidad, para enseñarnos el camino hacia el Padre, para enseñarnos el estilo de vida del cristiano, del creyente, del
ser humano.
“Son los dos momentos que considero muy importantes para la vivencia cristiana de la Navidad”.

EL SEÑOR SE NOS MANIFIESTA

“De ahí, pasamos a la celebración de la Epifanía, es decir, la manifestación de Nuestro Señor a los pueblos no israelitas, al resto de los pueblos; la manifestación del Hijo de Dios a toda la humanidad.

“Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre para la salvación de todos, judíos y no judíos, y la manifestación, nosotros la celebramos, antes el día 6 de enero, y en nuestro ámbito litúrgico ahora lo estamos celebrando en el segundo domingo después de Navidad”.

“El primer domingo después de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y el segundo, la Epifanía o manifestación del Hijo de Dios a todas las naciones.

“Aquí tenemos también una celebración un tanto particular que hemos hecho común, que es partir la Rosca de Reyes, que es también un momento que ayuda, pero que debe tener principalmente su sustento en la oración, en el encuentro con Dios. Por eso, al pasarse al domingo, tenemos la oportunidad
de celebrar la santa Misa, de escuchar la Palabra de Dios de cómo se ha manifestado el Hijo de Dios a todas las naciones representadas en aquellos reyes o magos de Oriente, en aquellos que, habiendo escuchado las profecías, empezaron el caminar hacia el encuentro con el Hijo de Dios.
“Eran de otros pueblos y, aun así, nosotros sabemos que el Espíritu de Dios nos va iluminando y guiando a todos. La gracia de Dios se derrama para la humanidad entera, y de esta manera llegan para la celebración del encuentro con Dios que para nosotros es la celebración de la Epifanía”.
Finalmente, Monseñor Ramón envió sus buenos deseos para las familias:
“Que el Señor nos permita en este tiempo de Navidad prepararnos, compartirlo y celebrarlo. Que Jesucristo sea siempre el centro de estos días, de estas celebraciones, de estas convivencias, finalmente
de nuestra familia, de nuestra sociedad.
“Que el Señor les bendiga abundantemente, que el Señor nos ayude siempre a encontrarnos con Él y que nuestro corazón esté dispuesto para recibirlo”.

“Que la oración de estos días sea parte importante, en las posadas, la Navidad y la Epifanía. A su manera, con los recursos que tengamos, que ahora, gracias a Dios, nos van llegando de diferentes formas a través de la vida parroquial, a través de ciertas páginas consideradas como páginas de piedad popular. La oración debida en las posadas, la celebración de la Noche Buena y en la Navidad, el 25, y finalmente la Epifanía, la manifestación del Hijo de Dios a través de la Eucaristía” exhorta Mons. Ramón Salazar, Obispo
Auxiliar de Guadalajara.

Busca el video de Mons. Ramón en nuestras redes sociales:
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