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SERGIO ESTRADA

Apenas llega diciembre y empieza el período de Adviento, tiempo de preparación para la Navidad (Nacimiento del Niño Dios), el término Adviento viene del latín “adventus” que significa venida, llegada, siendo el primer periodo del año litúrgico cristiano y, consiste en el tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Epifanía.
Preparación del corazón y una forma de prepararnos es acercarnos al sacramento de la Confesión, para estar plenamente reconciliados con el Señor y obtener la gracia suficiente para obtener la salvación:
La Iglesia nos propone algunos medios como: La Corona de Adviento. Con el Adviento suelen renacer en la mayor parte de las comunidades una nueva vitalidad y un deseo más intenso de preparar y vivir la venida del hijo de Dios. El Adviento es esencialmente tiempo de espera, debe vivirse en un espíritu de esperanza, austeridad y de recogimiento. Al celebrar el Adviento, la Iglesia nos invita a meditar fundamentalmente en la llegada del Señor que se nos presenta en tres dimensiones: histórica, mística y escatológica.

TIPOS DE ADVIENTO
Adviento Escatológico:
Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, que volverá para coronar definitivamente su obra y este es permanente, durante toda la vida, la Iglesia, desde hace muchos siglos nos invita a prepararnos a esta segunda venida.
Se puede decir que este tiempo litúrgico manifiesta como la plenitud de la historia se orienta hacía el Salvador: Cristo Ayer, hoy y siempre.
Adviento Místico: es la preparación moral de cada ser humano ante la venida del Señor. Es el Adviento que ha de vivir cada uno de los cristianos-católicos. Es por eso que es un tiempo oportuno para la oración. Jesús es el Señor que viene constantemente al ser humano.
Durante este tiempo litúrgico el color de los ornamentos sacerdotales es morado. Lo mismo que en la Cuaresma. Con este color se simboliza la austeridad, aunque el morado subraya más bien el sentido de la esperanza cristiana.
El Adviento: es un tiempo especial para orar y prepararnos a la venida del Señor. Se propone un breve acto en familia para encender cada vela de la Corona de Adviento.

ACERCA DE LA CORONA DE ADVIENTO
Todos los integrantes de la familia se reúnen en torno a la mesa donde se coloca la Corona de Adviento para hacer oración. La Corona de Adviento se hace con hojas verdes del campo que significa la vida. Nos habla de un tiempo cíclico y los colores de las velas son: tres moradas y una rosa que es el símbolo del Adviento y el tercer domingo se utiliza el rosa, porque es más penitencial y en este periodo el color propio es el morado.

Ante la inminente llegada del Señor se encienden las velas que significan oración en familia para unir nuestros corazones y estar en vela: Adviento también es tiempo de austeridad, aunque a veces se observa todo lo contrario, abundancia en comida, fiestas un día y el otro también.
No es lo correcto. Deberíamos pensar, meditar en la segunda venida del Señor. La preparación más importante es la del corazón para reconciliarnos con la familia, con los amigos, y Dios: “arrepentimiento, confesión y no volver a pecar”.

También es bueno leer, meditar en torno a los evangelios de la infancia del Señor. Todos los diálogos entre el Ángel, María y José, los profetas. Todo eso que nos toca el nacimiento de Jesús nos ayuda a profundizar como bautizados que estamos recibiendo al Señor.

Adviento, tiempo de paz y reconciliación

Pbro. José Manuel Anceno Rivas

San Carlos Borromeo fue un cardenal italiano, arzobispo de Milán y uno de los grandes reformadores católicos de la época postridentina. Era sobrino del papa Pío IV y la Iglesia católica lo venera como santo. Nació el 2 de octubre de 1538 en Arona, Italia y murió el 3 de noviembre de 1584 en Milán, Italia. Como tiempo importante y solemne, menciona San Carlos Borromeo el de Adviento “es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado”.

Refiere también que “El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para librarnos de la tiranía y del poder del demonio, invitarnos al cielo e introducirnos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñarnos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna”.

Hoy, nosotros, al igual que San Carlos Borromeo debemos tener presente que “la Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente.
A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que Él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos”

Con frecuencia vivimos con mucha ligereza. Por eso, que necesario resulta reflexionar sobre lo que la Iglesia nos enseña, ella, como madre y maestra “desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.

Por eso, también nos indica San Carlos Borromeo que “durante este tiempo, la Iglesia, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecernos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos”.

Significado de las velas

Sergio Estrada

Las cuatro velas que representan el adviento, simbolizan las cuatro semanas previas al nacimiento de Jesús y se enciende una cada domingo. Tres de las velas son moradas porque es un color litúrgico que significa un tiempo de oración, penitencia y sacrificio y la rosa significa la esperanza y alegría por el nacimiento de Jesús.

La Corona de Adviento tiene forma circular y esta figura geométrica es perfecta, es decir que no tiene principio ni fin. De igual manera, la Corona tiene forma circular (sin principio ni fin).
Al no tener principio ni fin, nos debe hacer recordar la eternidad de Dios y pensar en los miles de años de espera en el Mesías, desde Adán hasta el nacimiento de Jesús, y actualmente es la segunda venida de Cristo, la que estamos esperando.

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