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Sergio Padilla Moreno

Hace dos años, cuando estábamos apenas calibrando la dimensión de las implicaciones de la pandemia por Covid, intuíamos que la antigua normalidad no volvería, sino que tendríamos que prepararnos para una “nueva normalidad”. En aquellos meses se hablaba de la importancia de aprovechar el confinamiento obligado para retomar el silencio, la introspección y replantear nuestras prioridades vitales y las relaciones con nuestra familia. Ahora que al parecer la enfermedad viral se hizo endémica, todo indica que tratamos de retomar la vida laboral, escolar y lúdica con la misma prisa e inconsciencia de antes. Parece que no aprendimos la lección.  

Estos nuevos, confusos y complejos tiempos nos piden escuchar voces como las del Papa Francisco en sus encíclicas Laudato si y Fratelli tutti, o la del filósofo, sociólogo y profesor alemán Hartmut Rosa (1965), quien a lo largo de varios años ha observado y estudiado profundamente nuestra civilización y da cuenta de que, hoy más que nunca, los seres humanos estamos muy lejos de vivir una “vida buena”.

Rosa constata que, desde hace décadas, los seres humanos vivimos alienados por la frenética lógica que nos impone la economía en cuanto poner el esfuerzo vital en el permanente crecimiento, la eficiencia y la productividad, pero con costos muy altos para nuestra salud física y mental, así como graves consecuencias para un planeta muy explotado e instrumentalizado.

Una de las maneras para romper la vorágine de nuestras alienaciones es tratar de conectar con aquellas realidades y personas con quienes establecemos lo que Hartmut Rosa llama “resonancia”.

 Según sus propias palabras, la resonancia tiene tres características cruciales. “Primero, uno está en resonancia con algo cuando verdaderamente “nos habla”, es decir, cuando uno se siente afectado por ello. Hay un segundo requisito para la resonancia, que significa que tú puedes responder al “llamado” o la afección: respondes a eso y sientes que puedes alcanzarlo y, también, tocar el mundo. Por tanto, la resonancia es una relación bidireccional para estirarse y tocar, no es solo un estado emocional del individuo. Tercero, si estás en resonancia con algo, eso siempre tiene un efecto transformador en ti.

Entonces, cuando eres tocado realmente por una persona, por un libro, por una melodía que escuchas o un lugar que visitas, por ejemplo, tiendes a decir después que te ha hecho una persona diferente. Incluso si el efecto no es tan dramático, algo de lo que te apropias de una manera verdaderamente receptiva siempre transforma ligeramente quién eres y cómo te relacionas con el mundo.”

La resonancia, según Rosa, no es algo que se pueda alcanzar aplicando una técnica o una receta, sino que implica algo simple y a la vez complejo: tratar de estar despiertos a vivir con toda atención cada momento de nuestro día, especialmente en la apertura consciente hacia la realidad y los demás, en línea de lo que decía San Ignacio de Loyola: “sentir y gustar las cosas internamente”. En este sentido, además de leer los trabajos de Hartmut Rosa, recomiendo ver y reflexionar el corto animado Alike, para reconocernos en nuestras alienaciones y resonancias.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita da Guadalajara – padilla@iteso.mx

Alike – Corto Animado

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