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XVI DOMINGO

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Génesis 18, 1-10a: Abraham es anfitrión de tres desconocidos a quienes acoge con exquisita hospitalidad sin saber que está recibiendo a Dios mismo... Y Dios le anuncia el inminente cumplimiento de su antigua promesa dándole un hijo…

Salmo 14: Para ser huésped de Dios se requiere ser recto y justo, sincero y dominar la propia lengua, hacer el bien, despreciar el mal y vencer las tentaciones de abusar de los débiles…

Colosenses 1, 24-28: Pablo está contento de sufrir por Cristo dándolo a conocer a muchos otros… Quiere que Cristo habite en todos y que todos nos vayamos haciendo cada vez más adultos en la fe…

Lucas 10, 38-42: Marta y María acogen a Jesús en su casa como su huésped… Marta se preocupa por prepararle todo lo que necesita… María, en cambio, lo escucha y recibe su palabra…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Compartimos hoy dos líneas de reflexión.

1. En la primera línea proponemos algunas ideas que encontramos en la primera lectura, el salmo y el evangelio:

Para comenzar, somos testigos de cómo Dios bendice la hospitalidad de Abraham. Dios se le aparece a través de los tres forasteros, alusión a la Santísima Trinidad, a quienes Abraham atiende exquisitamente porque así lo ordenaba su tradición y por su propia experiencia de ser un peregrino errante para quien es importante recibir agua, comida y un lugar seguro para descansar y así poder recuperar las fuerzas para continuar el viaje…

Todos habremos experimentado la hospitalidad de personas que nos brindan espacios que son como un oasis para nuestros cuerpos cansados y espíritus maltrechos, para reconfortarnos, descansar y salir de nuestras crisis… Pero, más que el espacio físico, lo que realmente apreciamos es a las personas mismas que nos acogen: son amigos que han llegado a ser como hermanos o hermanos que se convirtieron en amigos del alma…

El Señor nos invita a convertirnos en personas capaces de dar refugio a los vulnerables, alojamiento a los cansados, refugio a los débiles, abrigo a los inseguros… Para eso, hemos de ser capaces de construir relaciones cercanas y ofrecer nuestros espacios y corazones para ayudar a otros a recuperarse y enriquecer sus vidas… Si ayudamos así a nuestros prójimos Dios nos bendecirá de la misma forma que lo hizo con Abraham…

Y en el evangelio vemos a Jesús siendo huésped y a sus dos anfitrionas: Marta y María…

  • Marta, que parece ir siempre a la delantera y tomar iniciativas, se afana en diversos quehaceres domésticos, prepara la casa y los alimentos… Son trabajos urgentes… Ella es generosa, se esfuerza, manifiesta buena disposición para servir, pero se ha equivocado en algo sutil: está desenfocada, va llevando cuentas y se compara con su hermana, el trabajo que realiza no sólo la deja vacía, sino que la irrita… También nosotros podemos perdernos en preocupaciones e inquietudes… No se acoge al Señor sólo por realizar muchas actividades externas… El Maestro la invita y nos invita a revisar la forma y los motivos por los que trabajamos y a descubrir esa cosa que es la única necesaria… ¿Cuál será esa cosa?
  • María, que parece ser más tranquila y sabe permanecer quieta, ha encontrado esta cosa necesaria: ella encuentra alegría en dedicar tiempo al encuentro, a la escucha de la Palabra, a la amistad con el Señor… Para acoger al Señor necesitamos una profunda disposición interior… Necesitamos valorar las palabras de Jesús en relación al amor y la misericordia, la solidaridad, el perdón, la búsqueda del Reino, la misión y la lucha contra el mal, etc.… Después hemos de ponerlo en práctica… ¿He desarrollado las actitudes de María?

Cuando tenemos visita generalmente nos esforzamos por atenderla, le hacemos una comida mejor de lo que solemos comer normalmente, le dejamos el mejor cuarto, le arreglamos el espacio, etc… ¿Qué cualidades tengo de un buen anfitrión?  ¿Cuáles debo desarrollar? Y, cuándo es Dios quien me visita, ¿cómo lo recibo?

2. La segunda propuesta de reflexión deriva de algunas enseñanzas que hoy nos presenta San Pablo (Este es el segundo de cuatro domingos en los que leemos fragmentos de la carta a los Colosenses): Cuando el Apóstol dice: “Me alegro de sufrir”, nos invita a ver de frente el sufrimiento, a no temerle y a encontrarle un propósito; no se trata de sufrir por sufrir cual si fuésemos masoquistas sino de desgastarnos por un bien mayor, por ejemplo una madre que da a luz o el apóstol que ayuda a los fieles con su predicación… El sufrimiento nos mantiene más humanos y nos ayuda a madurar… El sufrimiento puede dar buenos frutos; de la cruz de Cristo ha surgido para nosotros la salvación…

Pablo dice también: “completo en mí lo que falta a la pasión de Cristo”… Somos personas en proceso y cada día nos podemos ir completando de tal forma que nos volvamos más plenos… Por ejemplo, de día en día podemos ejercitarnos para ser más tolerantes, para vivir y expresar el amor a nuestros familiares, para ser más comprometidos en causas justas, para perdonar incluso a los que nos maltratan y calumnian, etc…. Se trata de ir completando día con día en nosotros la vida cristiana, de ir viviendo los valores del evangelio de forma más plena… ¿Qué valores cristianos practico más?  ¿Cuáles practico menos?  ¿Qué cosas que eran importantes para Jesús yo no vivo ni aprecio en lo absoluto?

Pablo afirma también que ofrece todo lo que hace “por el bien del cuerpo de Cristo que es la iglesia”… Y nosotros, ¿qué hacemos por el bien de los demás, de nuestra iglesia? ¿Nos preocupa que la iglesia esté bien o esté mal?

San Pablo también declara que todo lo que va haciendo es para ayudar a que todos vayamos alcanzando la madurez en la fe… ¿Yo me esfuerzo por madurar en mi fe?

En conclusión: en nuestra vida diaria Jesús también nos invita a madurar en la fe por medio de la cruz de cada día… El Maestro tiene una pedagogía distinta para cada uno de nosotros; a cada uno nos orienta, anima o frena… ¿Qué me enseña y qué me pide hoy a mí?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

  1. Te invitamos a tomar conciencia de la frase: “completo en mí lo que falta a la pasión de Cristo”… Colócate frente a un Viacrucis o imagina y contempla cada una de sus escenas… En cada una de ella ve completando y repitiendo:

“Completo en mí lo que falta a la condena…

Completo en mí lo que falta a la flagelación…

Completo en mí lo que falta a la coronación de espinas…

Completo en mí lo que falta al ser despojado de todo…

Completo en mí lo que falta el caer bajo el peso de la cruz varias veces… Completo en mí lo que falta al dejarme ayudar…

Completo en mí lo que falta a la crucifixión…

Completo en mí lo que falta a…”

¿Cómo estoy esforzándome cada día para configurarme con Cristo?

  • Dicen que alguien sólo puede ser un buen anfitrión cuando se siente a gusto en su propio espacio y consigo mismo…

¿Soy un buen anfitrión para mis amigos y familiares?

¿Soy un buen anfitrión para Dios?

¿Soy un buen anfitrión para los que sufren?

¿Qué trabajo interior me falta para llegar a ser un buen anfitrión?

  • Durante esta semana, en tu oración…
    • pide a tu amigo Jesús que te conceda seguir configurándote con él, aunque te cueste…
    • También agradécele por las veces en que él ha sido para ti el refugio que te da seguridad y te ayuda a restaurar tus fuerzas…
    • También pídele que tu corazón se vaya transformando cada día más en un albergue para él y para tus hermanos más necesitados…

@arquimedios_gdl

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