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El pasaje del santo Evangelio que nuestra madre Iglesia ofrece hoy compendia la obra mateana al presentar a Jesús como el Señor de la Historia.
Él nos revela que en el dolor del pobre, en el clamor de los oprimidos, descubrimos el lugar teológico por excelencia. Por lo que, el compromiso a favor de los necesitados constituye el nervio de nuestra fe y nuestra vida, dada la clara identificación revelada por Jesús: entre Él y cada uno de pobres (Mt 25, 31-46).
“YO ESTOY CON USTEDES TODOS LOS DÍAS”
Es un texto exclusivo del Evangelio según san Mateo, que muestra su visión eclesiológica; en cuya base descubrimos una sorprendente cristología. Es una página donde el evangelista conjunta importantes títulos cristológicos: ‘Hijo del hombre’ (v. 31a); ‘Rey’ (v. 31b; 34; 40); ‘Pastor’ (v. 32); ‘Señor’ (v. 37; 44); también, de forma implícita, el título de ‘Hijo’, cuando el Rey dice a quienes haya colocado a su derecha: “Vengan, benditos de ‘mi Padre’, tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” (v. 34).
Y, por supuesto, además alude al título de ‘Emmanuel’ con el que Mateo forma una aleccionadora inclusión en su obra, por ser el primero (véase 1, 23) y el último que otorga a Jesús: “Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (28, 20).

“CUANDO LO HICIERON CON EL MÁS INSIGNIFICANTE DE MIS HERMANOS, CONMIGO LO HICIERON”
Para el evangelista el problema cristológico fundamental radica en situar a Cristo en la historia, lo cual en el texto se nos revela con meridiana claridad, cuando al final de cada diálogo, Jesús, el Hijo del hombre, el Rey, el Hijo, el Pastor, el Señor, asegura: “cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron” (v. 40; compárese: v. 45). Jesucristo, nuestro Salvador, prolonga su Encarnación en el rostro de cada hermano necesitado alentándonos a vivir en plenitud nuestra libertad de hijos de Dios. Esto implica el riesgo de la libertad creadora, porque si no nos arriesgamos creativamente ponemos en peligro no sólo la solidaridad, sino nuestra propia salvación.
Jesús nos invita a repensar nuestra escala de valores, exhortándonos a constatar que lo más excelente del universo es el hombre y, de él su libertad y, de ella, el amor y, de éste último, el amor de caridad.

TODO SUFRIMIENTO ENTRAÑA UN GERMEN DE VIDA
Jacques Philippe enseña que estas palabras del santo Evangelio del día de hoy:

“Nos llaman a recurrir a todas nuestras fuerzas para aliviar el sufrimiento, pero también a dirigir sobre él una mirada de esperanza. En todo dolor hay un germen de vida y de resurrección, ya que Jesús en persona está en él” (J. Philippe, La paz interior, Rialp, Madrid 2011, Decimoquinta edición, pág. 50).
Muy apreciables lectores, para actualizar el maravilloso pasaje mateano con que concluimos el año litúrgico, los invito a meditar en la presencia del Buen Dios, un bellísimo poema de Paul Landesberg:

Con mi mano en la mano de tu bondad he recorrido la vida, la dulce fuerza de tu bendición ha llenado mi copa.

¿Voy a creer que tu maravilloso poder es una vana ilusión?
¿Voy a decir que es mentira la venida de tu amor?

Este poema nos ayudará a recordar, en clave de gratitud, a esas personas buenas por medio de las cuales el Buen Dios nos ha tendido su mano –identificándonos con uno de esos más insignificantes hermanos del Señor, hambrientos de vida y amor–, como mi queridísima mamá, que en paz descanse, quien repetía constantemente aquellas enseñanzas del catecismo de Ripalda: “¿Quién es el más grande a los ojos de Dios? El que tenga mayor caridad sea quien sea”.

@arquimedios_gdl

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