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PBRO. MIGUEL GONZÁLEZ GÁMEZ

El pasado primero de septiembre, como dicta la constitución en su artículo 69, el Presidente presentó un balance del estado que guarda la administración pública ante el Congreso de la Unión y además dio un discurso político señalando los puntos neurálgicos de su gobierno, aunque en este sexenio se ha hecho costumbre hacer actos políticos que simulan un informe.
En su discurso, el Presidente hace énfasis sobre el combate a la corrupción y la austeridad, que lo traduce en un gasto más eficiente, sobre todo en aspectos administrativos, es decir, un gobierno donde los funcionarios públicos no reciben sueldos elevadísimos, se eliminan los gastos de representación, seguros de gastos médicos y la compra de vehículos nuevos para los funcionarios.
El dato que da para demostrar el dicho es que en 2018 la oficina de presidencia ejercía un presupuesto de 3,600 millones de pesos y ahora solo gastan 600 millones. Está claro que para los próximos gobiernos será costoso, políticamente hablando, volver a un gasto excesivo en prestaciones y lujos que se convierten en un insulto para la mayoría de los mexicanos, les debe quedar claro a los políticos que el ejercicio del poder no tiene que ser sinónimo de vivir en la opulencia.
Otro logro en ese sentido es el cobro de impuestos a los grandes corporativos económicos. La realidad era que gracias a sus grandes aparatos jurídicos y contables siempre buscaban resquicios legales para impedir, retrasar o reducir el pago de sus obligaciones ante el fisco, lo que hacía sentir que los impuestos los pagan quien no tuviera modo de defenderse, una impunidad fiscal que afectaba principalmente a los más pobres.
De los ahorros que ha tenido el gobierno y los impuestos que ha cobrado se han utilizado en el área social. Los programas sociales más renombrados como son las pensiones a adultos mayores y a las personas con alguna discapacidad, así como becas y apoyos a campesinos han logrado ser un impulso para que más mexicanos salgan de condiciones de pobreza, según lo señala la última medición de la pobreza echa por el INEGI y el CONEVAL.

Sin embargo, en el tema de la transparencia y combate a la corrupción existe una gran contradicción; en la retórica se habla del gobierno más transparente y que mejor utiliza los recursos, pero en la realidad se percibe un desprecio por la apertura de la información y al cuestionamiento de su eficacia.
Algunos signos alarmantes son el intento por paralizar al Instituto de Transparencia (INAI), primero en una reducción presupuestal y después la negativa de los senadores de MORENA para elegir nuevos comisionados y pueda funcionar. Dicho instituto ha sido garante para revelar información sobre grandes fraudes, como la llamada “estafa maestra” en el sexenio pasado o el fraude a SEGALMEX, del presente.

Otro signo alarmante en torno a la transparencia es la estrategia de utilizar la figura legal de catalogar a las grandes obras de su gobierno como de “seguridad nacional”, por lo que nadie puede saber cómo se usan los recursos, a quién se contrata, cuánto cuestan las obras, los elementos técnicos de construcción, etc.
Sabemos que el Presidente siempre ha jugado con el dicho de que no permitirá la corrupción, que él será el garante de que todo funcione a la perfección, pero la realidad es que no tiene la capacidad de estar vigilando todo. Por tanto, es necesario que una institución garantice que los ciudadanos ejerzan un control por medio de la información que se obtiene por transparencia.

La transparencia no es conformarse con los datos que da el gobierno, es algo más: un instrumento para evaluar su actuar y exigir cuentas de lo hecho. La transparencia busca que los ciudadanos tengan una participación activa en las decisiones, un ciudadano informado es una piedra en el zapato de un político corrupto.

Un gobierno transparente genera ciudadanos informados y estos a su vez forman una democracia madura donde se garantizan los derechos. Si este gobierno no respalda sus buenos resultados con la apertura y la transparencia corre el riesgo de ser solo una simulación.

@arquimedios_gdl

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