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Laura Castro Golarte

La solicitud para crear una universidad en Guadalajara estaba hecha desde 1696, si se toma en cuenta la petición al rey Carlos II del Obispo tapatío Felipe Galindo y Chávez, de la Orden de Predicadores (igual que Fray Antonio Alcalde, por cierto), de que el Seminario Conciliar se transformara.
Sin embargo, no se había podido llevar a cabo, entre otras cuestiones, porque no se cumplía con un requisito impuesto por la Corona: dinero. Otro problema, para nada menor, fue necesario enfrentar: el exagerado celo del centro de la Nueva España, especialmente de la Universidad de México, única que había operado en el virreinato hasta entonces, como bien documentaron Juan Real Ledezma y Ernesto Villarruel Alvarado en la presentación del libro Utopía y acción de fray Antonio Alcalde 1701-1792 (UdG, 2018).
Casi un siglo después, cuando Carlos III pidió, una vez más, informes sobre tal solicitud, tanto Fray Antonio Alcalde como el Ayuntamiento de Guadalajara manifestaron la conveniencia de la fundación de una universidad en la capital de la Nueva Galicia. Su postura contrastó, para no variar, con la de la Universidad de México que, con fecha 26 de mayo de 1774, expuso al rey motivos para que no se abriera tal establecimiento, lo consideraba “innecesario”, según referencia de Juan B. Iguíniz en su trabajo La Antigua Universidad de Guadalajara (UNAM, 1959).
Desde este primer intercambio, con este asunto, entre el rey de España y el Obispo de Guadalajara, pasaron casi veinte años, es decir, para el Siervo de Dios implicó prácticamente toda su gestión como jefe de la Mitra tapatía. La Real Cédula que, por fin, autorizaba la apertura de la universidad está fechada en San Lorenzo, el 18 de noviembre de 1791 y, ahí, se indicaba que en el plantel se impartirían las siguientes cátedras: Prima de Leyes, Cánones, Medicina, Cirugía, Teología y Sagradas Escrituras.
Un año antes tuvo lugar una decisión de Alcalde que fue clave: destinar 20 mil pesos para el mantenimiento de dos cátedras “en caso de verificarse fundación de Universidad en esta ciudad”. El papel alude a la decisión que se tomó el 18 de marzo de 1785 mediante “Escriptura” con la entrega del dinero; fue firmado ante notario y con testigos, el 10 de diciembre de 1790 y se expusieron las razones: ampliar la instrucción de la juventud.
Se exponían las decisiones que se tomaron en su momento, por lo menos una prórroga a partir del 29 de noviembre de 1784; la definición y revocación del destino de los réditos que produjeron los 20 mil pesos y el acuerdo de “pasar el principal” a la Real universidad en “oportuno tiempo” y, de entrada, se asentaba que la donación manifestada sería “a perpetuidad” a solicitud del Ayuntamiento de Guadalajara. De parte de la Mitra y de las autoridades civiles estaba todo listo, sólo esperaban la venia real.
Agrego aquí un fragmento del documento ya citado, del 18 de marzo de 1785, la transcripción es íntegra con la ortografía y redacción originales:

“[En el] Nombre de Dios Todo Poderoso, y de la Bienaventurada siempre Virgen María su Bendita Madre, concevida en gracia, y gloria, desde el instante primero de su Animación Santísima, Amén === Notorio sea á los que el presente vieren, como Nos el Maestro Don Fray Antonio Alcalde del Sagrado Orden de Predicadores, por la Divina gracia y de la Santa Sede Apostolica, Obispo de Guadalaxara, Nuevo Reyno de la Galicia del Consejo de Su Majestad &. Decimos:
Que por quanto con ocasion del oficio que el Ilustre Ayuntamiento de esta Novilissima Ciudad nos dirigió en primero del corriente mes, y año, hemos meditado seriamente las utilidades, y conveniencias, que al comun de nuestra Diocesis resultaría con la perpetuidad de la Donacion, que en diez y ocho de Marzo de setecientos ochenta y cinco, tenemos fecha del principal de veinte mil pesos, para dotacion de dos Cathedras de Prima de Leyes y Cánones en el caso de establecimiento de Unibersidad en esta Ciudad en qualquiera tiempo que se verifique, assi porque de esa suerte se facilitara con más abundancia la instruccion de la Juventud en las maximas Legales necesarias para el govierno publico”.

Este documento, original y completo, está resguardado en el Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco e integra ya el fondo documental para la causa de canonización del Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde.

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