upc4

Hermanas y hermanos en el Señor:

Con emoción les comparto que soy el tercer hijo de 16 hermanos. Pertenezco a una familia numerosa, y pasados los años, me pregunto: ¿Cómo hicieron mis padres para enfrentar esta gran misión de formar una gran familia? Encuentro tres respuestas. Primero, su amor. Ellos se amaban. Segundo, su fe. Siempre confiaron en Dios. Tercero.
Su espíritu de lucha, de trabajo y de generosidad.
La palabra ‘red’ me hace recordar el pasaje en el que Jesús ve a su paso a dos de los que serán sus discípulos, Santiago y Juan. Los ve reparando las redes (cfr. Mt 4,18-22).
Este hecho me hace pensar cómo para un pescador es indispensable contar en su actividad laboral con una buena red, que sea suficientemente fuerte, y a la vez flexible, con gran alcance para retener a los pescados cuando es lanzada al mar. De ahí dependerá el éxito del trabajo y surgirán los recursos para satisfacer las necesidades de la vida, la propia y la de la familia.
¡Qué imprescindible se vuelve el mantenimiento diario de esa red! Es la revisión minuciosa de lo que garantizará que los esfuerzos no sean vanos, ni los desvelos infructuosos.
Por lo tanto, resulta crucial para nosotros contar una red que pueda ser examinada, reparada y mejorada, para cumplir su misión.

En referencia a la vida de familia, nos preguntamos: ¿Qué parte de nuestra red familiar es débil?, ¿dónde se ha roto?

Pero no debemos olvidar que no sólo hay una red familiar. Actualmente existen un sinfín de redes, evidentes o disfrazadas, que interactúan con la red de la familia, y atrapan a sus miembros.
Por ejemplo, la red del materialismo, la búsqueda del dinero, que se tiene que alcanzar con abundancia, con rapidez y de manera fácil. Esta red atrapa el tiempo de convivencia familiar, hace olvidar la moral y convierte a los humanos en despiadados esclavos de las ambiciones insaciables.

Otra red es el consumismo exacerbado, que busca llenar con cosas materiales los vacíos que sólo lo espiritual puede saciar. El mercado, con agilidad y sin reflexión, promete felicidad instantánea y perfecta a quien compra sus promesas, que para ‘alegría’ nuestra, siempre está en oferta, y a meses sin intereses. No escapa la mirada de este presunto benefactor de ‘nuestra dicha’ el ser humano en todas sus etapas (infancia, juventud o edad adulta) y en cualquier lugar. Todo está contemplado, incluso las mascotas tienen que estar a la moda.

Quien no vive de acuerdo a este ritmo de modas autoimpuestas, pagará con frustración, marginación social y una permanente envidia insatisfecha.

Otras redes que tironean con su presencia ambivalente en la intimidad del hogar, y de forma permanente, son las redes sociales, que tienen su bondad, pero que a la vez ofrecen la cercanía de los lejanos a costa de alejarnos de los cercanos.

La humanidad que tanto ha luchado a lo largo de los siglos para alcanzar su libertad, ahora la entrega, como su mismo esclavo, a los pequeños dispositivos móviles.

La familia, pues, se ha visto sometida, entre las redes y las prisas, a un estilo que vida que pierde calidad, calidez y espíritu. (Continuará)…

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.