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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La fe que profesamos es un tesoro de enorme valor, y todo cristiano debe hacerse responsable del respeto y cuidado que de la fe debemos tener.
Este cuidado y respeto incluye impedir con valentía y claridad el que la fe sea manipulada por las corrientes ideológicas de cualquier orientación que sean, pues la fe no está al servicio de las ideologías.
Lamentablemente, no pocos cristianos, en su pasionalidad partidista, acaban haciendo de la fe un instrumento más en pro o en contra de tales o cuales posturas políticas, algo tanto más aberrante cuanto que nuestro Señor Jesucristo, en su paso por este mundo, jamás aceptó que Él o su obra, fueran manipulados por los partidismos políticos de su tiempo, y así como claramente dijo que Él no “era repartidor de herencias” (Lc.12, 13-14), tampoco puede ser promotor de partidos, algo que frecuentemente olvidan los católicos, en especial, los que siguen tendencias de extrema derecha y que hacen hasta lo imposible por involucrar la fe en cuestiones partidistas.
Esta pasionalidad partidista hace que no pocos cristianos pierdan hasta la honestidad y estén dispuestos a echar mano de la mentira o la difamación para alcanzar sus metas, tergiversando, inventando o sacando de contexto cualquier asunto religioso que convenga a su propósito, como el manejo mediático que se hizo de lo ocurrido en un templo de Culiacán, donde un joven con problemas psiquiátricos destruyó imágenes religiosas. De inmediato los ultras usaron ese suceso para alarmar a la gente que nada sabía del asunto, y adjudicar la responsabilidad a sus oponentes.

O lo hicieron sin averiguar primero lo ocurrido, o a sabiendas lo retorcieron, y en ambos casos la honestidad brilló por su ausencia. Que personas no cristianas hagan lo mismo, no se les puede reprochar, ya que no son cristianas, pero alguien que dice tener fe, no puede ser promotor de la mentira ni del odio, pues actuando así, traiciona su fe y la pone en ridículo.
Lo que los cristianos de esta nación deberíamos hacer es ponernos a rezar por todos los candidatos, pidiéndole a Dios que quien gane sepa ganar y no use su triunfo para montonear a los vencidos o imponerles su ideología, y que quien pierda sepa perder y no se dedique luego a boicotear las buenas iniciativas del vencedor, o incluso, intentar derrocarlo contra la voluntad de la mayoría expresada en las urnas, algo que hemos visto a lo largo del actual sexenio, los ganadores diciendo que todo va viento en popa, como nunca en la historia de este sufrido país, y los vencidos alarmando a medio mundo con el petate del muerto de que ahí viene el comunismo y la temida venezolización.
Y entonces, ¿por quién votar? Vota por los candidatos que tú decidas sin que nadie te lo tenga que decir, pero una vez que votes, no dejes de examinar la actuación de quienes resulten ganadores, y de exigirles el cumplimiento de su deber.

armando.gon@univa.mx

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