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Al inicio de un nuevo año, es urgente la necesidad de que las relaciones familiares, laborales y sociales se inspiren en los ideales de fraternidad, respeto y sana amistad, sólo así se podrá asegurar la armonía y la paz.
La reflexión que hemos tenido muchos creyentes en las pasadas fiestas de Navidad y fin de año tiende a subrayar que la relación con el único Dios, Padre común de todos los seres humanos, favorece el sentirnos hermanos y tratar de vivir como tales. En la revelación que nos regaló Dios en Cristo, este principio está expresado con gran radicalidad: “Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.
He escuchado las palabras de una joven que expresó su miedo a darle un abrazo al papá, por temor a ser rechazada. Y qué decir de algunos compañeros de trabajo que, por el desgaste en las relaciones humanas, a lo largo del 2023 se dejaron de hablar.
Momentos de perdón y reconciliación lo ofrecieron estas fiestas anuales que hemos vivido y que todavía podemos aprovechar para que nuestro panorama cambie. Todos salimos ganando, en casa, en el trabajo, con los amigos. Sólo así podemos lograr la paz y armonía con las que podemos tener un mejor año. Los deseos expresados a través de incontables mensajes por las redes sociales piden, más que palabras, acciones, sencillas, concretas, evaluables.
Nos espera un año en donde el respeto y la tolerancia serán necesarios más que en otras ocasiones. Respetar a los otros, aún los de la propia casa, que tienen ideales políticos y deportivos diferentes. Que en otros aspectos de la vida cotidiana ya no son iguales que antes. Tolerar a quienes hoy empuñan otra bandera y gritan más apasionadamente, porque en otro partido tendrán lo que ya no pudieron conseguir donde anteriormente se encontraban, traicionando sus principios, no siendo coherentes con sus anteriores palabras. O besando otras camisetas porque allá ganaran más dinero y serán rechazados por quienes en otras temporadas los idolatraban.

La paz se empieza a forjar en la vida cotidiana, donde el perdón y reconciliación se deben conjugar cada día.

Buscar y trabajar por el bien común deberían ser nuestros anhelos, en ellos depositar nuestras fuerzas y horas de trabajo. No dejarnos engañar y menos depositar nuestra confianza en los que hablan y gritan más, en los que prometerán, pero que bien sabemos, no lograrán cambios reales y sustanciales, porque varita mágica no traen. Sí, sueños de alcanzar el poder y con él muchas cosas que simplemente no lograrían en 20 años de vida. Estar atentos al diario acontecer.
Reflexionar sobre lo que en tediosos -y tal vez repetitivos y mentirosos discursos- llegarán a nuestros oídos.
Perdón y reconciliación que en los hogares se podrán alcanzar, tal vez con más esfuerzo del considerado.
Pero que bien lo saben en familia, es lo mejor. Vendrán días mejores, de ello no hay duda. Mientras tanto, en el campo de la política hablar de perdón y reconciliación simplemente sería una utopía y, sin embargo, mucho tendremos que trabajar para que los objetivos, no de los gobernantes, sino de la ciudadanía en general se alcancen.
Que el 2024 nos marque y trascienda a nivel estatal y nacional por lograr un Jalisco mejor, un Jalisco más en paz, no necesariamente como dictan y señalan desde el Palacio Nacional, que tienen la consigna de “jalar orejas” porque así les han enseñado y parecería que es lo único que han aprendido. Para muchos, orar y mucho orar puede ser necesario. No descuidemos este importante acto.

@arquimedios_gdl

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Papa Francisco

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