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Editorial

Nuevamente la fecha se acerca. El 8 de marzo conmemoramos a las mujeres y sus luchas para que hoy, nosotras, podamos gozar de amplios y justos derechos.
El camino no ha sido fácil ni está acabado. Aunque hemos avanzado,
aún nos faltan temas que superar. Porque, nos guste o no, lo reconozcan
o no, hay ámbitos en los que seguimos siendo marginadas, como en la
política y en el espacio público; hay estereotipos que no hemos logrado
vencer respecto a nuestros propios cuerpos y roles; y qué decir de la violencia de la que somos víctimas, sin importar nuestra edad y condición
social.
A través de estas páginas, queremos mostrarte diversos rostros femeninos,
cada uno con su dignidad y valor, cada uno a imagen y semejanza de Dios que nos ha creado.
Escribimos por ti, que ya no tienes voz porque alguien te la arrebató.
Por ti, que has perdido la libertad y la vida. Por ti, que inicias el camino y
por quienes ya han recorrido el mayor tramo, pero a través de sus años y
con su sabiduría nos animan. Por las que se fueron en paz y por las que de
manera violenta vieron interrumpido su andar.
Queremos rendir un homenaje a las que curan con sus manos y con su
escucha. A las que tejen y alcanzan sueños que nos abren camino a otras
y nos inspiran. A las que a pesar de las dificultades, a ejemplo de María,
no pierden la fe y la transmiten con la certeza de que el amor que se reparte fructifica, otorgando un sí a Dios cada día.
Queremos acompañarte a ti, que en cada jornada te superas y pones
amor en todo lo que haces. A la que necesita oración por las enfermedades
propias y de los suyos; a las que necesitan consuelo ante los horrores
de la guerra y las lacerantes heridas que provoca el crimen organizado. A
las que a sus hijos les fueron arrebatados del vientre o de los brazos. A
nuestras pequeñas niñas víctimas del abuso y la explotación.
Escribimos por ti, que día a día te atreves a mirarte al espejo para descubrir
quién eres y te atreves a brillar con luz propia. Por ti, que trabajas y
creas oportunidades para las demás. Para ti, que intentas destacar en espacios tradicionalmente reservados a los varones.
Sabemos que las mujeres somos el motor que mueve a la familia, esa
empresa divina, bendecida y cuidada por el Espíritu Santo.
Seamos conscientes de nuestra fuerza y nuestro poder como promotoras de un cambio social.
Incidamos siendo un factor de cohesión, trabajando con las autoridades y la sociedad para transformar las realidades que nos lastiman.
Podemos crecer en la solidaridad entre nosotras, ser más empáticas, sinceras, saber ponernos en los zapatos de las demás, apoyarnos en todos
los ámbitos y saber que unidas somos más fuertes.
Abracémonos, respetémonos y alegrémonos con el éxito y las alegrías de las otras. “Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero”.

@arquimedios_gdl

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