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Ojalá que los lectores encuentren en estas líneas, “el amor de Dios por nosotros, y su deseo de que nos amemos unos a otros, incluso en medio de lo que puede ser una realidad cultural confusa y complicada” (Mons. Alexander K. Sample, Obispo de Portland, Oregon). Lo primero que nos puede fallar cuando tratamos estos temas es que nos dediquemos a condenar, sin ningún atisbo de misericordia.

Por eso, nuestra intención es presentar estas
orientaciones como recurso formativo y como esperanza para los que trabajan con quienes enfrentan casos de identidad de género, que también son destinatarios de una tarea de evangelización. Nos hemos basado en el documento titulado: Respuesta católica a la teoría de la identidad de género. Catequesis y guía pastoral, de la Arquidiócesis de Portland.

DESACUERDO CON DECRETO DEL GOBIERNO DEL ESTADO

Antes que nada, expresamos nuestro desacuerdo, que es lo que originó el tratamiento de este tema, con lo publicado por el Gobierno del Estado el 30 de octubre de 2020, en donde se señala que “el 29 de octubre de 2020, Enrique Alfaro Ramírez, Gobernador de Jalisco, publicó en el Periódico Oficial del Estado un decreto a través del cual se reforma el reglamento del Registro Civil, añadiendo 5 artículos en los que se reconoce el derecho a la identidad de las personas trans”, porque –precisamente– “los requisitos para obtener el cambio de nombre y género son mínimos, sin importar la edad, lugar de nacimiento o residencia”. La preocupación principal es que este decreto afecta a menores de edad, violentando su inocencia y su incapacidad para decidir en esa etapa qué es lo que más conviene para su vida. El decreto viene amparado en la sesgada interpretación de un derecho humano.

UNA REALIDAD

Durante la última década, declaraciones y preguntas sobre la identidad de género han ganado protagonismo en todo el mundo occidental. Esto ha provocado un camino significativo en la forma en que los jóvenes expresan su autocomprensión, especialmente cuando se trata de género. Parte del cambio se debe a muchas de las influencias culturales a las que se ven expuestos.

La realidad nos dice que casi la mitad de las personas identificadas como transexuales son menores
de 25 años, así como el incremento exponencial en la disforia de género entre los jóvenes. Las instituciones católicas debemos responder a este complejo fenómeno con claridad y fidelidad a la verdad, pero también con compasión, como se revela en la persona de Jesucristo.

Los seres humanos son una una unidad de cuerpo y alma.

LA VERDAD Y LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Los primeros capítulos del Génesis proporcionan la base para una antropología católica. Nos transmiten que cada ser humano es una unidad de cuerpo y alma. Nuestra existencia encarnada, “íntegra y entera”, es querida por Dios, y nuestros cuerpos comparten la dignidad de ser creados a imagen de Dios. Un aspecto de nuestra existencia encarnada es la diferencia sexual: masculinidad y feminidad. Debido a la profunda unidad del cuerpo y el alma, la naturaleza de uno como hombre o mujer está arraigada en
la encarnación sexuada. Ser varón o ser mujer es una realidad buena y querida por Dios. Reflejan la sabiduría y bondad del Creador. La diferencia sexual tiene un significado trascendental en nuestra vida terrenal; es solo a través de la unión de lo masculino y lo femenino que nuevos seres humanos llegan a existir.

FRANCISCO DICE

Un aspecto importante de la vocación humana es también la mayordomía de la creación, y aceptar nuestros cuerpos es parte de esa mayordomía: “La aceptación de nuestro cuerpo como un don de Dios es vital para acoger y aceptar el mundo entero como un don del Padre y nuestra casa común, mientras que pensar que disfrutamos de un poder absoluto sobre nuestros propios cuerpos se convierte, a menudo
sutilmente, en pensar que disfrutamos de un poder absoluto sobre la creación.
Aprender a aceptar nuestro cuerpo, a cuidarlo y a respetar su significado más pleno es un elemento esencial de cualquier ecología auténtica humana” (Laudato Si, 155). A la luz de la fe católica, el cuerpo humano es un don, bueno y querido por Dios. Nuestros cuerpos son parte de la armonía del orden creado, y nuestra diferencia sexual es parte de la auto-revelación de Dios, así como una señal de nuestro último llamado, dar y recibir amor.

Teoría de la identidad de género y sus consecuencias

La comprensión católica de la persona humana está en desacuerdo con la “teoría de la identidad de género”, cada vez más dominante en la cultura occidental. El término “trangénero” ha entrado en el uso común de aquellos que defienden la teoría de la identidad de género. Esta teoría separa el género (hombre y mujer) del sexo biológico. Este modelo afirma un sentido subjetivo del género sobre el hecho objetivo del sexo biológico, y recomienda un proceso de “transición” para identificar el sexo elegido, en lugar del dado.

El proceso de transición puede tomar numerosas formas, pero el marco estándar define cuatro etapas de la “atención de afirmación de género” (GAC, por sus siglas en inglés Gender Afirming Care) para los jóvenes:

  • Transición social.
  • Bloqueadores de la pubertad.
  • Terapia hormonal.
  • Cirugías.

La transición social incluye adoptar el nombre, los pronombres, el uso de las instalaciones, la ropa y la apariencia de acuerdo con el sentido subjetivo del género. Los bloqueadores de la pubertad, las hormonas sexuales cruzadas y las cirugías son todos aspectos de la transición médica.

COMIENZAS LOS RIESGOS

Para algunos, apoyar aspectos de la transición social puede parecer benigno, incluso humano. Sin embargo, aunque bien intencionado, este tipo de respaldo puede ayudar a guiar a una persona joven en camino de medicación innecesaria. La transición social es, a menudo, el primer paso hacia las hormonas y la cirugía.

La transición sexual también puede incluir prácticas como la venda de senos y la cirugía estética genital, las cuales han demostrado tener efectos adversos sobre la salud física, como torsión testicular y reducción de la fertilidad en los hombres, función pulmonar anormal y dolor de espalda en las mujeres. El proceso de transición médica para los jóvenes con incongruencia de género a menudo comienza con bloqueadores de la pubertad que interrumpen el proceso de maduración sexual.

Y LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS

Este proceso de transición médica también tiende a iniciarse con bloqueadores de la pubertad, que interrumpen el proceso de maduración sexual, con la finalidad de facilitar los cambios cosméticos posteriores. Pero estos cambios implican tomar hormonas sexuales cruzadas y también pueden incluir cirugías que eliminan los órganos reproductivos y alteran los genitales. Esta transición médica puede conducir a la esterilidad permanente y al daño continuo al cuerpo, lo cual es incompatible con cualquier ética médica.

Los defensores del modelo GAC creen que estos procedimientos cosméticos conducen a mejores resultados psicológicos y a una mejor calidad de vida. Pero está bien documentado que las personas transgénero tienen mayores riesgos de suicidio. Hay muy pocos estudios que rastrean los resultados a lo largo de la transición médica, y la mayoría de esos estudios carecen de controles, se basan en muestras de conveniencia y tienen una falta considerable de seguimiento.

Uno de los pocos estudios sólidos a largo plazo disponibles encontró que las personas que se han sometido a una transición médica tienen una tasa de suicidio que es 19 veces mayor que la de la población en general (Long-Term Follow-Up of Transsexual Persons Undergoing Sex-Reassignment Surgery). Por este motivo, algunos países están respondiendo a la escasez de evidencia que respalde al GAC. La teoría de la identidad de género y la atención de la afirmación de género ofrecen una respuesta simplista y psicológicamente retrógrada a una persona en aflicción.

No se puede imponer un modo de actuar solamente (el GAC) al proceso de desarrollo de la formación de la identidad del adolescente cuando éste tenga dudas sobre su identidad. Cualquier enfoque terapéutico que no aborde a toda la persona, alma y cuerpo, no puede conducir al florecimiento humano.

Las instituciones católicas debemos responder no con miedo reaccionario o cumplimiento irreflexivo, sino con una afirmación integral de cada persona amada confiada a su cuidado.

AFIRMACIÓN DE LA PERSONA HUMANA

Debemos ofrecer una visión positiva de la persona humana, y un camino de acompañamiento para los jóvenes que cuestionan el género y sus familias. Un enfoque católico debe ofrecer una presentación integral de la persona, cuerpo y alma, que afirme lo siguiente:

  1. Cada joven es amado por Dios infi nitamente.
  2. La bondad y sacramentalidad del cuerpo.
  3. La singularidad del individuo.
  4. La necesidad de un acompañamiento.

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