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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

La necesidad de un plan de pastoral o de evangelización es ahora innegable, tanto por razones teológicas como por el recurso auxiliar a las ciencias de la actual ingeniería organizacional y de la sociología. Como todo trabajo de planeación, la evangelización exige una revisión o evaluación.
En la Escritura se habla de forma implícita de revisión no sólo para examinar el comportamiento individual o comunitario a fin de suscitar la conversión, sino para darle punto final a una misión determinada y de ahí emprender el paso siguiente en el largo caminar de la fe. Por ejemplo, cuando Pablo seguramente revisó a la luz del Espíritu su primer viaje apostólico no sólo examinó luces y sombras, sino que vio necesario emprender uno más amplio y traspasar las fronteras que en su mente se había trazado, hasta tener el deseo de llegar a Hispania.

Quizá las evaluaciones nos dan miedo, porque se pueden utilizar para golpear a alguien, para buscar culpables y señalar incluso las deficiencias personales, para remitir responsabilidades o exculparse. Es cierto que puede ser aprovechada para eso si no se tiene una verdadera formación teológica, pastoral y espiritual, así como una suficiente madurez humana y psicológica.

La revisión del plan pastoral es una herramienta epistemológica para ampliar el horizonte evangelizador, para rectificar a la luz del Espíritu nuestras actitudes y nuestras acciones. Es importante, para vencer ese miedo natural antes expuesto, que se tenga claridad en que se evalúan

y revisan hechos pastorales, situaciones o acontecimientos desde una perspectiva de fe, donde se sitúa en el plano de Dios y de la historia de la salvación. Nunca la revisión pastoral puede centrarse en las personas, sino en hechos, aunque la revisión siempre será un motor de la conversión tanto personal como pastoral, pues debe suscitar el examen personal.
Por otra parte, la revisión del plan pastoral se debe hacer en comunidad, al interior de la comunidad cristiana que ha elaborado el plan y se ha planteado metas y actividades que ayudan en la consecución del objetivo. Por esta razón, las actividades deben revisarse a la luz de todo el plan y no sólo sobre la eficiencia de una actividad desvinculada del proceso. La revisión nos debe colocar en el ámbito de la historia de salvación, donde no hay acontecimientos independientes uno de otro, sino interdependientes formando una sola economía salvífica.
Utilizando la imagen de la agricultura, la revisión es tan necesaria como lo es el recoger el fruto y ofrecerlo al Señor, pero también para alimentar la esperanza en el proceso, de darse cuenta de que a pesar de trabajos y dificultades hay fruto, para confiar en el buen Dios de la historia, que siempre actúa para separar los mejores granos para la siguiente siembra.
Debemos hacernos de recursos didácticos, de una buena revisión de la Gran Misión de la Misericordia que nos ayude a cambiar, retomar o potenciar lo que más ayude a cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado.

@arquimedios_gdl

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