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Ignacio Román Morales

Dicen los psicólogos que para bailar el tango se necesitan dos, que en las broncas de pareja nunca puede atribuirse la responsabilidad a sólo una de las partes, pero desgraciadamente, en esas broncas también pagan justos por pecadores. Así como los hijos sufren de los conflictos entre sus padres, aunque éstos sean inevitables, el mundo entero está sufriendo del conflicto que no sólo es entre Rusia y Ucrania, sino entre dos estructuras de poder (más allá de esos dos países) que se disputan riquezas naturales, historia, cultura y dinero. En América Latina, y en México en particular, también nos llega esa guerra, mucho más cercana de lo que parece un mapamundi.

El primer impacto es de precios. Después de la fractura en las cadenas productivas del mundo, a cauda del COVID, ahora viene una segunda ola inflacionaria como resultado de la guerra.

Rusia es el tercer exportador mundial de petróleo y, evidentemente, el bloqueo a sus exportaciones provoca que se disparen los precios. Si esta guerra hubiera ocurrido antes del 2015, México hubiera salido comercialmente beneficiado al tener una balanza energética favorable (de petróleo más petroquímicos).

Sin embargo, en la actualidad las importaciones de petroquímicos, especialmente de gasolina, son mayores de las exportaciones de nuestro petróleo. Por mucho y que se utilicen para subsidiar a las gasolinas los beneficios comerciales del aumento del petróleo, el subsidio no será suficiente para compensar los aumentos en los precios de importación a las gasolinas… el precio de la gasolina varía al menos en la misma proporción que la del petróleo.

Si el gobierno decide subsidiar más el precio de la gasolina deberá de recortar el gasto en otras áreas, endeudarse más o cobrar más impuestos. Las opciones no son fáciles. Las gasolinas constituyen el tercer rubro más importante de gasto de los mexicanos en rubros genéricos, sólo después del gasto en vivienda y en servicios de comida (taquerías, torterías, loncherías, fondas y similares).

Además, el incremento también abarca al gas, al costo de la generación de electricidad y a la producción de infinidad de bienes, notablemente de los plásticos. Para los empresarios la gasolina es su principal rubro de costos, por lo que el incremento de precios en los combustibles se traduce a la inflación de toda la economía. Aceptar, por lo tanto, el incremento desmedido en los precios, como lo hizo Peña en el 2017, implicaría un suicidio político. El no aceptarlo implica una situación extremadamente delicada para las finanzas públicas. ¡Menudo lío!

Pero no es sólo el petróleo. Rusia y Ucrania son los principales productores de trigo en Europa. El aumento en sus precios supone el encarecimiento general de los costos para la producción de alimentos y un efecto que se propaga para el resto de los cereales y de la comida en general. En México esto puede implicar que la inflación en los alimentos sea muy superior a la de la inflación en general. En otras latitudes, como en el África subsahariana, puede inclusive provocar riesgos de hambruna.

Y todavía hay más: los rusos son clave en la producción de metales (hierro, acero, aluminio), es decir de materias críticas para prácticamente toda la industria, especialmente para la automotriz y la aeronáutica. Luego de dos años de pandemia y enormes afectaciones a esos sectores, la escalada de costos afectará fuertemente los precios, las exportaciones y la venta interna de vehículos. En México, el principal rubro de exportación son los automóviles y autopartes. Bajo estas condiciones, el impacto también puede ser de gran envergadura.

El trabajar por la paz pasa en primer lugar por la defensa de la vida, del medio ambiente y de la historia y cultura de las más diversas sociedades que son víctimas directas de las guerras, pero éstas también permean en el conjunto del planeta, máxime cuando hemos vivido procesos inéditos de internacionalización comercial y productiva en las últimas décadas. El atribuir toda la responsabilidad a una sola de las partes no ayuda, el involucramiento armamentista masivo, vía “apoyo logístico”, es aún más grave. El tomar militarmente decisiones económicas que afectan a todo el planeta, termina por victimizar a todos los que no “tenemos vela en ese entierro”. ¿No ha bastado el deterioro con estos dos años de pandemia?

@arquimedios_gdl

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