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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Febrero es el mes en que recordamos y celebramos a los enfermos. Recientemente fuimos testigos de los numerosos casos de contagiados por la variante omicron de Covid-19. Esta variante comenzó en muchos de los casos con el síntoma de ardor de garganta. Entre los muchos santos intercesores de los enfermos, a San Blas se le encomiendan precisamente los afectados de la garganta.

San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia, muy conocido en su tiempo por haber obrado numerosas curaciones milagrosas. Fue médico y vivió como eremita incluso después de haber sido nombrado obispo, convirtiendo la cueva en la que vivía, ubicada en el bosque del monte Argeus, en su sede episcopal.

Cuenta la tradición que cierto día San Blas salvó a un niño que se había atragantado con una espina de pescado. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. Eso también le valió convertirse en patrono de los otorrinolaringólogos.

Otras historias refieren su amor por los animales, a quienes también curaba. De acuerdo a una antigua historia, animales enfermos o heridos se acercaban a su cueva en Argeus para que los curara. Estos, en retribución, no le hacían daño ni lo molestaban cuando oraba.

Hacia el final de su vida, Agrícola, gobernador de Capadocia, inició una de las últimas persecuciones contra los cristianos. Cuando un grupo de cazadores fue a buscar animales al bosque de Argeus para los juegos de la arena, encontraron a muchos de ellos agrupados fuera de la cueva de San Blas, probablemente buscando protección. El santo se encontraba orando en ese momento y fue tomado prisionero.

Puesto en presencia de Agrícola, se le exigió con amenazas que renegara de la fe, pero él rechazó la propuesta de plano. Inmediatamente fue enviado a prisión, donde permaneció algunos días predicando entre cautivos y condenados a muerte. En ese lugar, curó enfermos y bautizó a quienes querían hacerse cristianos.

De acuerdo a las Actas de San Blas, fue condenado a morir por ahogamiento pero, cuando fue arrojado a las aguas, empezó a caminar sobre éstas, repitiendo el milagro que hizo Jesucristo. Entonces fue conducido al cadalso, torturado y, finalmente, decapitado. Murió, como mártir, el año 316, en tiempos del Emperador Licinio.

San Blas es patrono de la República del Paraguay y se le cuenta entre los catorce santos auxiliadores de la Iglesia Católica. Su fiesta se celebra el 3 de febrero.

(recuadro)

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su gran confianza en el poder de Dios a quien invocaba ante la enfermedad.
  2. Su generosidad e interés por devolver la salud a los fieles.

Su preocupación por difundir la fe cristiana por medio del bautismo.

@arquimedios_gdl

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