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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Uno de los santos que va adquiriendo mucha devoción en nuestros días es San Chárbel Makhlüf, al que le suelen colgar listones de colores a su escultura. Lo celebramos el 24 de julio.

Hijo de padres agricultores, fue el menor de cinco hermanos y creció con el ejemplo de dos de sus tíos, ermitaños de la Orden Libanesa Maronita. Desde niño buscó la santidad y fue muy devoto de la Virgen María.

Nació el 8 de mayo de 1828 en Beqaa-Kafra, el lugar habitado más alto del Líbano. A los 23 años salió de su casa en secreto e ingresó al monasterio de Nuestra Señora de Mayfuq, donde fue ordenado sacerdote y renunció a su nombre de pila, Youssef Antoun Makhloüf, para tomar el de Chárbel, un santo mártir del siglo II.

Vivió alrededor de 15 años en el convento, pero sintió la necesidad de llevar una vida de silencio y oración más profunda, por lo cual, en 1875, recibió la autorización de ponerla en práctica en la ermita de San Pedro y San Pablo, donde pasó sus últimos 23 años perfeccionando las virtudes de la obediencia, pobreza y castidad. Sólo era interrumpida su oración cuando lo buscaban los visitantes para pedirle consejo, pues era mucha su fama de santidad. Se cuenta que tras su muerte, su cuerpo permaneció incorrupto durante meses, transpirando agua con sangre.

San Charbel, gran intercesor de la Iglesia católica, es patrono de los que sufren en cuerpo y alma. Su devoción se extendió más allá del Líbano, donde nació y murió (1828 – 1898), siendo venerado incluso por musulmanes y personas de otras religiones.

La costumbre de pedirle favores con listones surgió en México. De acuerdo con la tradición, cada listón tiene un significado diferente. Aunque la Iglesia no reconoce cualidades especiales en el color de cada listón, sí recomienda que todo acto de esta naturaleza esté libre de magia o superstición. Se trata de un acto devocional que debe estar alimentado de la oración; el listón es el símbolo no sólo de la petición, sino de la oración constante hecha vida en cada uno.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su vida de silencio y necesidad de profunda oración. Este hombre ermitaño descubrió la riqueza de la vida interior al verse librado de todo ruido y mundanidad.
  2. Su espíritu de austeridad y vivos deseos de santidad.
  3. Su fiel observancia de los consejos evangélicos: obediencia, castidad y pobreza.

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