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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

“El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas.
Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”
(Mc 4, 26-29).

La semilla sembrada por los primeros evangelizadores en estas tierras americanas pronto dio su primer fruto de santidad, san Felipe de Jesús, fraile franciscano.
Felipe de las Casas Ruíz, conocido desde pequeño por ser travieso y fastidiar a su nana en nuestras historias de héroes y santos, nació en la Ciudad de México en 1572, que la gracia de Dios llegara con fuerza a su vida y terminara consagrándose a Él hasta el final de su corta vida.

De padres españoles (don Alfonso de las Casas y doña Antonia Ruiz Martínez), nació Felipe de las Casas Martínez en la Ciudad de México en 1572. Fue el mayor de once hermanos, de los cuales tres siguieron la vida religiosa. Estudió gramática en el Colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México, dirigido por los jesuitas. Mostró interés por la artesanía de la plata. En sus viajes por Asia, en la ciudad de Manila, Filipinas, cobró gran interés por la vida franciscana, ingresó e hizo su profesión religiosa. Próximo a la Ordenación Sacerdotal, la nave naufragó y dio a los costas de Japón donde fue hecho prisionero junto con otros cristianos japoneses.

El 5 de febrero de 1597 veintiseis cristianos fueron colgados de cruces sobre una colina en las afueras de Nagasaki, en Japón. Los fijaron a las cruces con argollas de hierro en el cuello, en las manos y en las piernas. Los atravesaron con lanzas. El primero fue Felipe de Jesús. Murió repitiendo el nombre de Jesús.
Fue beatificado, junto con sus compañeros, el 14 de septiembre de 1627 y canonizado el 8 de julio de 1862.
La fe madura y la vida de santidad de todos ellos nos inspira a llevar una vida cristiana sólida y convincente en esta época convulsa para nuestra nación mexicana en los aspectos social, cultural y moral.

Definitivamente, hacen falta buenos líderes en nuestro país para volver a poner en alto el nombre de México con gente muy bien preparada en todos los campos para dar continuidad a la vida de perfección evangélica que han vivido varios de nuestros conciudadanos en la historia de nuestra nación.

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE SAN FELIPE DE JESÚS?

  1. Su generosidad al seguir a Cristo, predicarlo sin miedo y morir por Él y como Él en la cruz.
  2. Su amor a Jesús y al ideal franciscano de pobreza y humildad.
  3. Su notable conversión y testimonio de fidelidad en tan corta edad.

@arquimedios_gdl

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