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Daniel León Cueva

En la Misa que el gremio joyero tapatío ofrece a san Felipe de Jesús, su Patrono, y que cada año se celebra durante la Fiesta Patronal del Primer Santo Mexicano en su Templo Parroquial, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo Emérito de Guadalajara, al presidir la Eucaristía y predicar la Homilía, puso de relieve las virtudes de aquel joven criollo que en sus años mozos había sido muy inquieto e incluso algo disipado, hasta cumplir, ya como Fraile Franciscano, una total conversión y cambio de vida, que con toda generosidad lo llevó hasta el martirio, en Nagasaki, Japón, el 5 de febrero de 1597.
Decenas de directivos y socios de la Cámara Regional de la Industria de Joyería y Platería del Estado de Jalisco, encabezados por su presidente, Álvaro Azpeitia Covarrubias, así como trabajadores del ramo y familiares, se dieron cita en dicha celebración, en la que participaron también centenares de fieles y ex feligreses de esa populosa barriada, núcleo principal del antiguo Barrio de Oblatos y corazón del Sector Libertad citadino.
Al inicio, el Cardenal Juan Sandoval pidió a la asamblea orar a Dios por el progreso de la actividad industrial y comercial de la joyería para el beneficio de sus hogares y de la sociedad, aunque remarcó que “el cristiano no lo es por un documento oficial que lo acredite, ni por el hecho de ir a Misa cada año, sino que debe llevar una vida congruente de fe y de oración para desterrar los diferentes vicios e inclinación al pecado, sobre todo porque somos muy débiles, frágiles, y llevamos nuestra fe en recipientes de barro”. De igual modo, hizo un sucinto relato de la vida y sacrificio de san Felipe y pidió su intercesión para lograr la paz en este México actual tan convulsionado. Concelebraron con el purpurado el Párroco del lugar, Pbro. Lic. José Trinidad Velasco Molina, y el Padre Gerardo Tovar Monraz.

HOMENAJE AL PERSONAJE FUNDADOR
Concluida la santa Misa, el Sr. Cura Velasco agradeció la presencia del Arzobispo Emérito, al tiempo que mencionó como benefactoras a 34 personas y familias que contribuyeron para la realización del Monumento a Monseñor Rafael Meza Ledesma (ubicado en el atrio, y que momentos después develaría el Cardenal), ponderando una especial aportación de la Cámara Joyera a través de 10 de sus miembros.
Ante una nutrida concurrencia que abarrotó el ingreso del Templo, y con la presencia también de dos familiares directos del homenajeado: la Mtra. Antonieta de Lourdes Meza Rojas y el Arq. Alberto Meza Rojas, sobrinos suyos, correspondió al periodista José de Jesús Parada Tovar, oriundo del barrio sanfelipense, resaltar los méritos de aquel abnegado Sacerdote, originario de Etzatlán, Jal., donde nació el 24 de octubre de 1901, y que fue Pastor de la comunidad de San Felipe de Jesús durante 37 años, de 1937 a 1973.

En dicho lapso, sirviendo a una población de casi 30 mil moradores, en su mayoría de pueblos de Jalisco y de 17 estados de la República, el Sr. Cura Meza Ledesma promovió y encauzó numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas; fundó varios Centros de Catequesis y un minucioso Departamento de Estadística; asesoró, junto con sus Vicarios, 20 asociaciones piadosas y de apostolado, incluyendo la Acción
Católica; becó a casi un centenar de jovencitas para maestras normalistas; creó y sostuvo tres escuelas primarias y una academia para mujeres, con la impartición de 14 especialidades y oficios; habilitó, para el público en general, una casa social; un teatro para ofrecer conferencias y distintos eventos culturales, artísticos y de entretenimiento; dirigió un periodiquito semanal e hizo difundir 20 distintas publicaciones católicas; abrió una biblioteca con dos mil volúmenes; un despensario y dispensario médico; mutual de enfermos y de difuntos; caja de ahorro popular; sostuvo coros de niños y de adultos; promovió campañas de reforestación…

Juan XXIII –hoy santo– lo elevó a la dignidad de Monseñor, y el Cardenal Arzobispo José Salazar López lo hizo Párroco del Sagrario Metropolitano y luego Canónigo de la Catedral. En sus postreros años, y habiendo ocupado otros cargos a nivel diocesano y nacional, le tocó ver casi concluida su obra de construcción del Templo Parroquial de Nuestra Señora del Pueblito, en Zapopan.
Tras 58 años de sacerdocio, falleció el 29 de diciembre de 1987, y desde el 24 de mayo de 1997 sus restos reposan en San Felipe de Jesús. A finales del año 2000 el Ayuntamiento de Guadalajara le rindió un homenaje cívico imponiendo su nombre al Jardín ubicado en el cruce de la calle 34 y Gigantes, del Sector Reforma, incluyendo un busto en su honor; pero muy pocos años después fueron robadas la escultura y la placa alusiva, sin posterior investigación ni castigo para los ladrones, ni mucho menos reposición de lo sustraído.

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