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Seminarista Salvador Vázquez García

La oración ferviente del justo tiene mucho poder (St 5,16).
El trabajo agrícola es fatigoso y poco remunerado. Las inclemencias del tiempo, como el calor y la sequía motivan al campesino a tener siempre presente la Providencia Divina, atributo de Dios que da de comer a sus hijos, enviando la lluvia para sus cultivos.
La oración del gran profeta Elías en el Antiguo Testamento generó la abundancia de lluvia (cf. 1R 18,1.40s). En el Nuevo Testamento, la carta católica de Santiago nos exhorta a realizar una oración ferviente y justa, puesto que tiene poder para alcanzar cualquier beneficio de parte de Dios por sus propios méritos (cf. St 5,16c.17).
El próximo 15 de mayo conmemoramos la vida de san Isidro Labrador, un santo muy invocado por muchos fieles, precisamente en este tiempo en que muchos agricultores y campesinos pondrán la semilla en la tierra, esperando contar con el favor de Dios con el don de la lluvia, para que éste dé su fruto en el momento oportuno.

Isidro quedó huérfano a la edad de 10 años, y fue en ese momento que se empleo como peón de don Juan Vargas, dueño de una finca cerca de Madrid. Allí pasó muchos años de su existencia labrando y cosechando las tierras, de allí su apelativo. Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino, porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover). Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su trabajo sin haber asistido antes a la santa Misa, muchos de sus compañeros envidiosos lo acusaban de flojo ante su patrón, él siempre se mostró fiel a la oración, y testigos hablaban de que mientras él estaba en Misa, un ser de luz hacía su trabajo (¿sería un ángel del Señor?) no sabemos quién era, pero, lo que si comprobamos es que la oración santa, ferviente y justa de San Isidro cobraba efectividad al cosechar buenos frutos.

El testimonio de san Isidro nos ilustra acerca de cómo podemos hacer efectiva nuestra oración: no sólo pedir la lluvia a nivel material, sino a nivel espiritual, pedir constantemente su gracia, que es como lluvia abundante y el don de la conversión del corazón para alcanzar la santidad como él.
Era también un hombre de caridad: repartía su ganancia de jornalero con su familia y los pobres. Murió con olor
a santidad en Madrid el 1130. Fue canonizado en 1622.

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE ÉL?

1.Encomendar nuestro trabajo a Dios todos los días.

2. Hacer oración ferviente con la confianza puesta en Dios como si todo dependiera de Él.

3. Invocar constantemente al Señor en tiempos de sequía para que llueva.

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