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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Continuamos con la presentación de la vida y obra de nuestros santos mártires mexicanos. El primero que propone el calendario litúrgico diocesano es San Jenaro Sánchez Delgadillo, oriundo de Jalisco, nacido el 19 de septiembre de 1886 y bautizado en la parroquia de San Juan Bautista en Mexicaltzingo. Sus padres fueron Cristóbal Sánchez, humildes y observantes cristianos, que gozaban de buena fama en su comunidad.

Ordenado sacerdote, su párroco elogiaba su obediencia. Los fieles admiraban su rectitud, su fervor, la elocuencia de su predicación, y aceptaban gustosos la energía del Padre Jenaro cuando les exigía la buena preparación para recibir los sacramentos”.

Tamazulita, del municipio de Tecolotlán, fue el lugar donde desempeñó su ministerio antes de su martirio. Llegó a esa población en 1923, acompañado de sus padres.

En 1926 arreció la persecución desatada por el gobierno de Calles. El Padre sintió en su corazón mucha impotencia por no poder ejercer su ministerio y lloró cuando se dio la orden de cerrar los templos.

Tuvo que desempeñar su ministerio a escondidas. En varias ocasiones comentó que en la persecución muchos sacerdotes iban a morir y profetizó su propia muerte.

¿Cómo fue su martirio?

“Los soldados y algunos agraristas le tomaron preso junto con unos feligreses amigos cuando iban al campo. A todos les dejaron libres menos al Padre Jenaro quien fue conducido a una loma cercana a Tecolotlán y en un árbol prepararon la horca. El Padre Jenaro colocado en el centro de la tropa, con heroica serenidad les habló: «Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también les perdone y siempre viva Cristo Rey». Los verdugos tiraron la soga con tal fuerza que la cabeza del mártir pegó fuertemente en una rama del árbol. Poco después murió en aquella noche del 17 de enero de 1927”.

Fue canonizado por el Papa San Juan Pablo II, el 21 de mayo de 2000, al lado de veinticuatro mártires mexicanos -la mayoría de ellos sacerdotes- y de otros dos santos mexicanos.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su amor al sacerdocio. Fue mucha su impotencia al no poder ejercer su ministerio en tiempos de persecución.
  2. Su gran fortaleza. Sabía que de un momento a otro podía ser arrestado y ejecutado. Nunca se acobardó ante esa posibilidad.
  3. Sus virtudes: capacidad para perdonar al estilo de Cristo, su obediencia, su rectitud, propios de un gran sacerdote.

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