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ALEXIS GIOVANNI CASTELLANOS GUDIÑO
1° TEOLOGÍA

Al conocer cada día más a nuestros santos mártires mexicanos, vamos descubriendo que cada uno de ellos tenía una personalidad única, virtudes, cualidades, e incluso, ciertos defectos o pecados que dificultaron su paso a la vida eterna. Y aunque estamos acostumbrados a verlos siempre como hombres de fe, con un gran amor al Señor, pocas veces tomamos en cuenta otros aspectos enriquecedores que sólo ellos podían aportar a nuestra Iglesia y a la humanidad entera, como lo son la cultura y la transformación social.

MOMENTOS DE PRUEBA
Por eso, hablemos de san José María Robles Hurtado, de quien señalo algunos datos breves sobre su vida para destacarlo como un dedicado poeta. Él nació el 3 de mayo de 1888 en el municipio de Mascota, Jalisco. Hijo de Antonio Robles y Petronila Hurtado, matrimonio de una profunda fe, quienes lo llevaron a bautizar el mismo día en que nació. A temprana edad ingresó a la formación dentro del Seminario de Guadalajara, cuando sólo tenía 12 años. Aquellos días de su formación fueron momentos de prueba. Las pruebas menores lo prepararon para afrontar la de la persecución a causa de la fe, durante el período de 1926 a 1929, cuando Nuestro Señor le concedió el don del martirio. Al igual que todos los santos mártires mexicanos, él expresó las palabras de perdón hacia sus verdugos –entre quienes se encontraba uno de sus compadres– y se preocupó por la vida espiritual de sus feligreses, llevándoles la Comunión y celebrando la Eucaristía a escondidas.

FUNDADOR DE UNA CONGREGACIÓN DE RELIGIOSAS
Ahora bien, la entrega pastoral que san José María Robles Hurtado tenía no sólo lo convirtió en fundador de la Congregación Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, sino que lo convirtió en un apasionado poeta del Corazón Eucarístico de Jesús, a quien adoraba desde lo más profundo de su alma, pues Nuestro Señor Jesucristo fue su inspiración y su principal amor desde su niñez, y más todavía en los años de su juventud. De sus escritos podemos enriquecernos todos. No sólo manifiestan una experiencia de encuentro con Cristo, además nos pueden facilitar una experiencia de encuentro con Él.

TENGAMOS SIEMPRE AL SEÑOR
Así que, en todo cuanto hagamos, tengamos siempre presente al Señor, y considerando los talentos que Él mismo nos ha dado, esforcémonos por multiplicar los bienes que podemos producir con ellos, a ejemplo de este gran santo, de quien pedimos su intercesión para tener el valor de decirle al Señor, como él lo hizo intuyendo su cercano martirio:

«Quiero amar tu corazón,
Jesús mío, con delirio,
quiero amarte con pasión,
quiero amarte hasta el martirio.


Con el alma te bendigo,
mi Sagrado Corazón.
Dime, ¿se llega el instante
de feliz y eterna unión?


Tiéndeme, Jesús, los brazos,
pues tu “pequeñito soy”;
de ellos, al seguro amparo,
a donde lo ordenes, voy.


Al amparo de mi Madre
y de su cuenta corriendo
yo, su “pequeño del alma”,
vuelo a sus brazos sonriendo
.


Un Padre espera a sus hijos,
a todos allá en el Cielo».

@arquimedios_gdl

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