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PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

Ya nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos Apóstoles y Mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
“Cuando se habla del Paraíso en el Canon de la Misa, el Sacerdote pide: ‘Admítenos en la asamblea de los santos Apóstoles y Mártires’, para recitar luego los nombres propios de una lista que el fiel sabe abierta, que podría alargarse cientos de horas ¡Eso es extraordinario! No se designa el Cielo con un concepto, sino con una asamblea de nombres propios”.
Y es que en la Santa Eucaristía está presente la Iglesia que peregrina, el pueblo de Dios itinerante que se reúne como asamblea en torno al altar del Señor para recibir su bendición y elevar plegarias. El Sacerdote eleva en nombre de toda la asamblea la plegaria litúrgica en la que se menciona también la Iglesia triunfante, aquellos santos y santas que ya gozan de la presencia de Dios y que tienen un nombre concreto, así como la Iglesia purgante por la que se aplica el sacrificio de Cristo.

El Buen Pastor conoce a cada una de sus ovejas por su nombre (Jn 10,3); los nombres de los elegidos están inscritos en el Cielo (Lc 10,20), en el libro de la vida (Ap 3,5; 13,8; 17,8).

Nos enfocaremos en esta ocasión a puntualizar la obra de las santas que aparecen en esta plegaria.

Entre las santas mujeres, el orden viene dado por la nacionalidad: dos celebérrimas Mártires africanas (Felicidad y Perpetua); dos Mártires de Sicilia (Águeda y Lucía); dos Mártires romanas (Inés y Cecilia) y finalmente santa Anastasia (de Oriente).

Como consta por san Ambrosio, santa Inés murió con tan sólo 12 ó 13 años. Pese a su juventud, dio ejemplo de inmensa fortaleza al permanecer firme durante el martirio. Narra el santo que Inés “no tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”.
Como vemos, el Cielo es un consorcio, una sociedad, una familia santa, una compañía. Hacia esa comunión del Cielo, tan feliz, nos encaminamos y deseamos que nuestro nombre sea allí pronunciado.

ENSEÑANZAS

  1. Estas santas mujeres no escatimaron su vida, ni su juventud o belleza para preferir a Cristo, su amado Esposo, sobre todas las cosas.
  2. Mostraron una fortaleza propia de los varones con su carácter y entereza para defender la fe en medio de la persecución.
  3. Sus nombres han quedado para la posteridad por su esplendoroso testimonio de pureza y valentía.

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