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Seguir a Jesús no es fácil

El seguimiento de Cristo es exigente, pero al mismo tiempo ilumina
nuestra vida cristiana. A lo largo de su vida pública, Jesús
fue instruyendo a sus Apóstoles. Lo que les enseñó a ellos es también para
nosotros, bautizados, que estamos llamados a seguirlo. De hecho, mientras
dura nuestra peregrinación en este mundo, sus discípulos vamos en su seguimiento.

Para seguirlo, debemos entender y vivir sus enseñanzas prácticas, concretas y, como ya dijimos, exigentes.

En una ocasión, ante el rechazo de los samaritanos a recibir al Maestro,
los Apóstoles Santiago y Juan reaccionaron duramente, al sugerirle que hicieran bajar fuego del cielo sobre los habitantes de Samaria, solicitud a la
que Jesús les respondió regañándolos.

  1. Como enseñanza, sabemos que el cristiano, el discípulo de Jesús, se encontrará muchas dificultades y adversidades en la vida, pero tiene que ser paciente, no es arrebatadamente como vamos a resolver los problemas en el seguimiento del Señor. No es haciendo llover fuego sobre quienes nos ponen las dificultades como vamos a solucionarlas sino teniendo tolerancia.
  1. Por otra parte, el seguimiento de Jesús implica precariedad, porque
    seguirlo no es para que nos resuelva todas nuestras necesidades o para que nos ubiquemos en un estado de seguridad y tranquilidad.

Seguir a Jesús incluye escasez; no podemos esperar que, por ser cristianos, se resuelvan automáticamente todas nuestras dificultades.

  1. Además, el Señor nos enseña que los lazos afectivos son auténticos, son válidos, pero no nos deben impedir tener la libertad suficiente para anunciar el Reino de Dios, es decir, no deben ser obstáculo para ser discípulos misioneros. El verdadero cristiano no debe renunciar a los lazos familiares, sino que los debe integrar, los debe armonizar
    con su vocación del seguimiento de Jesús.
    No puede ser pretexto el amor a la familia (esposo, esposa, padres, hermanos) para no seguir al Señor. Al contrario, en la vivencia de estos afectos naturales, el discípulo de Cristo tiene que encontrar la libertad de ejercer con verdad su misión.
  2. Y, por último, ser discípulo de Jesús incluye saber recomenzar en su
    seguimiento. Nada debe desviar esta intención, nada nos debe detener para seguirlo. Hay que tener, además, la capacidad de volver a comenzar, con la misma generosidad, entusiasmo y ánimo. No hay que volver atrás.
    El Señor se manifiesta exigente, pero nos aclara muchas cosas en el
    momento de estar con Él. Hay que estar dispuestos a no volver la vista atrás cuando le hemos dicho que sí.

Solo en el seguimiento de Jesús podemos ser verdaderamente libres.

El Apóstol Pablo, en la Carta a los Gálatas, nos dice que si Cristo nos hizo
para ser libres, no caigamos en la esclavitud (5,1), como la lucha interna de la murmuración, del pleito de unos con otros, porque vamos a acabar por destruirnos.
Si no nos esforzamos por ser libres, y nos vemos envueltos en continuas
guerras de unos con otros, vamos a terminar destruyéndonos como familia,
como mexicanos, como hermanos miembros de la misma nación.
Hemos llegado muy lejos en el camino del enfrentamiento, del rencor, y
vamos a acabar por destruirnos, si no recuperamos nuestra auténtica vocación de ser hijos de Dios.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Acerca de Alejandra Lozano

Lic. en Ciencias de La Comunicación por la Universidad Lamar Inició en los medios desde 2006 en radio. Actualmente es miembro de la Oficina de Prensa del Arzobispado de Guadalajara.

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