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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

La seguridad es un derecho fundamental de los ciudadanos y una de las más importantes obligaciones del Estado. Jurídicamente, la seguridad es la inexistencia de amenaza alguna que socave o suprima alguno de los derechos humanos y permita, tanto en los espacios privados como públicos, las condiciones necesarias para una convivencia sana y pacífica, así como para el desarrollo personal y comunitario. El Estado debe desarrollar tres tareas fundamentales en este rubro: la prevención, la persecución del delito y la sanción a los infractores.
Es precisamente la seguridad una de las motivaciones antropológicas más ancestrales para vivir en sociedad, frente a las diferentes amenazas que se cernían y todavía se ciernen sobre el ser humano; por otra parte, la necesidad de sentirse seguro hace que en las sociedades se vayan estableciendo normas de convivencia que garanticen, precisamente, la seguridad.
Desde esta organización más primitiva hasta el nacimiento de los estados modernos, tocará a los líderes carismáticos y luego a los gobernantes lícitamente establecidos garantizar la seguridad a la sociedad que lideran.
En México, la seguridad toca a todos los niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) que, en articulación y coordinación, deberán asegurar a cada ciudadano que estará protegido para ejercer libre y responsablemente sus derechos y que, en caso de que sea objeto de algún incidente, tendrá protección de parte del mismo Estado.

Actualmente nuestra Patria es uno de los países más inseguros del mundo, donde existe un alto porcentaje de personas que viven con temor a ser vulnerados e incluso a perder la vida. Los delitos que más impactan son los que son cometidos por el crimen organizado, delitos, por tanto que pertenecen al fuero federal, que no ha querido o no ha podido frenarlos. Si el Estado Mexicano no ha querido frenar al crimen organizado es cómplice y si no ha podido es ineficaz. Por lo que se refiere a la estrategia fallida de “abrazos no balazos” se pudiera pensar en ambas cosas, en la complicidad y la debilidad del Estado frente al crimen.
Más doloroso para los ciudadanos es la indiferencia y hasta mofa que se hace desde la primera tribuna del país. Si el presidente dedica dos horas al día para hablar de la situación de la nación ¿Por qué no se solidariza con las víctimas con mayor empatía? ¿Por qué cuando se le cuestiona sobre la seguridad en vez de responder con sinceridad y eficacia, se coloca él como víctima de los medios de comunicación? ¿Si él prometió, cuando asumió el cargo, que tomarían seis meses para revertir un país en llamas, que ciertamente le dejaron los anteriores gobiernos pero que era consciente de lo que recibía, en vez de revertir se ha acrecentado la violencia? ¿No se ha dado cuenta de que su estrategia es fallida? ¿Es cómplice? ¿Es ineficaz?
Seguramente hay muchas personas que tienen puesta en el presidente toda su fe y su cariño y no quieren que se hable mal de su gestión, pero “amor no quita conocimiento”.

@arquimedios_gdl

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