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Román Ramírez Carrillo

04/09/2022

“Señor Jesús, Tú eres nuestra paz, mira nuestra Patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan…”

Es el inicio de la plegaria que los Sacerdotes de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara rezan diariamente junto con las oraciones de la Liturgia de la Horas.

Ejercer el sacerdocio en el tiempo presente en México implica di­ficultades y retos propios del entorno social del país. Los Estados que conforman la Provincia Eclesiástica de Guadalajara tienen los mayores índices de desaparecidos y de asesinatos en el año, es un territorio terriblemente golpeado por la violencia, síntoma inequívoco de un Estado fallido en la región Centro-Occidente.

Los Sacerdotes de la Provincia viven y documentan los problemas serios de inseguridad y de devastación social que acontecen en todas las regiones y municipios de los Estados de Aguascalientes, Nayarit, Colima, Zacatecas y Jalisco.

El crimen organizado usa la violencia como una acción instrumental para asegurar los territorios, dominar una región y garantizar sus negocios. La autoridad, en sus tres niveles, está muchas veces capturada y sin una estrategia efectiva para detener esa violencia.

Los Sacerdotes señalan que lo que se está viviendo es el surgimiento de un estilo de vida emergente, que se manifiesta en tres dimensiones:
1. Una cultura y clase política rebasada, que está interesada en reelegirse y lucrar, así como en ocultar sus ganancias y vivir en total impunidad.
2. Una nueva ola de delincuentes que aprovechan el sistema de justicia mexicano, fallido, solo para aumentar sus ganancias en el tráfico de las drogas, extendiendo su acción hacia otros rubros como la extorsión, la trata de personas y el secuestro.
3. Una población que olvida rápidamente los agravios sufridos, o no cree que es posible padecerlos, hasta que los sufre en carne propia y, por desgracia, está lejos de organizarse para cambiar el mundo que habita. Se da el fenómeno de un crimen muy organizado frente a una sociedad desarticulada y desorganizada.

En la Diócesis de Aguascalientes, los Sacerdotes apoyan ofreciendo albergues y alimentos a los desplazados; se siguen suministrando los sacramentos, ya que a través de ellos mantienen viva su fe, y procuran el diálogo con las autoridades civiles y municipales sobre su situación.

Los habitantes en esos territorios capturados por el crimen organizado siguen siendo ­ eles a la fe católica y siguen con­fiando en la presencia del Sacerdote en la comunidad.

En las comunidades de la Diócesis de Autlán la inseguridad es mayor en el Decanato de Santiago Apóstol, que comprende parte de los municipios de La Huerta, Tomatlán y El Tuito. Se percibe el miedo constante en esas comunidades. El asalto en carretera ocurrido al Sr. Obispo Rafael Sandoval provocó una mayor toma de conciencia sobre esta realidad, y la necesidad de una pastoral de atención cercana a la gente, para sanar y reconstruir a las comunidades heridas por tanta violencia.

En la Diócesis de Colima han suspendido las actividades pastorales por la tarde-noche por la situación de inseguridad. Se han documentado y denunciado robos en tres templos, y la inseguridad se observa más intensamente en la capital, en Villa de Álvarez, Coquimatlán y Tecomán.

El silencio absoluto de la Gobernadora ante tanta violencia es una de las mayores preocupaciones, cada día muestra una mayor di­ficultad para enfrentar la grave situación de violencia que crece en Colima.

La Iglesia tapatía llevó al debate público la realidad de que el crimen organizado se ha apoderado del Norte del Estado, al señalar el Cardenal José Francisco Robles Ortega que fue detenido por dos retenes en un viaje pastoral a Totatiche y Villa Guerrero, donde le preguntaron quién era, de dónde iba y hacia qué lugar se dirigía.

En la Prelatura del Nayar padecen la violencia de diversas maneras. Con un creciente número de desaparecidos; jóvenes reclutados por el crimen organizado, algunos por su voluntad y otros forzados; y varios secuestros. Los cuerpos policiales están a la orden de las personas armadas, incluso les ayudan a levantar personas y a revisar que solo se consuma droga de ese cartel.

En la Diócesis de Tepic el crimen organizado tiene fuerte presencia en San Sebastián del Oeste, en Tepic, El Nayar, La Yesca, Ruiz, Huajícori, Puerto Vallarta y San Felipe de Híjar. A los Sacerdotes no se les molesta ni con cobro de piso, ni con amenazas. No hay presión sobre ellos. La “maña”, como la gente los nombra, es un poder de facto.

Caminar con la gente, vivir en paz, en libertad y en democracia

En las Diócesis de la Provincia un total aproximado de 2,589 Sacerdotes realizan acciones religiosas y pastorales para crear una cultura de paz, con la creación de centros de atención a las víctimas, con la participación de organizaciones civiles, académicas, y con distintos organismos pastorales de la Iglesia. Así, Talleres de Perdón y Reconciliación, y Centros de Escucha han surgido como parte importante para restituir el tejido social roto por la violencia.

En la Diócesis de San Juan de los Lagos se han creado Centro de Escucha y organizan los Talleres para víctimas de violencia: desaparecidos, desplazados, cómo manejar el duelo, la reconciliación, y las jornadas de oración para pedir por los victimarios. Este año 2022, lo declararon “Año de la Reconstrucción del Tejido Social”, donde plantean abrir diálogos y encuentros de paz.

Es ahí, justamente, donde los Sacerdotes encuentran su cercanía con la gente, en las di­ficultades y en lo complicado del entorno. Sacan fuerzas de su espiritualidad para guiar al rebaño, como buenos pastores, en territorios con violencia.

Entre todas estas di­ficultades, los Sacerdotes caminan con la gente, llegan hasta los más recónditos lugares para ofrecer consuelo, paz y esperanza. Ningún Sacerdote ha pedido cambio para ejercer el ministerio en zonas con mayor seguridad; han permanecido con su pueblo.

En la Diócesis de Ciudad Guzmán han desarrollado los Talleres de Escucha, donde las personas expresan sus testimonios, y participan en experiencias ciudadanas de reconstrucción del tejido social. Experiencias de vecinos y de colectivos que, a pesar del entorno, desarrollan proyectos productivos que dan esperanza.

Así, los Sacerdotes visibilizan los rostros y vidas personales y familiares truncadas, y trabajan las iniciativas de acuerdo a su contexto, que la prudencia y audacia les permiten. Los Sacerdotes apoyan, de acuerdo con las necesidades de la gente, ofreciendo albergues cuando es necesario, o con insumos para alimentación.

En medio de la adversidad, la luz de la fe se hace presente cuando el camino parece cerrado, complicado o hasta imposible, en una región donde actualmente es difícil que no conozcamos caso de desaparición, donde hay sectores más proclives a sufrir desaparición forzada, como los niños y niñas, mujeres y hombres jóvenes.

Ante esa situación de violencia, tejer los hilos de paz en nuestras diócesis es la exigencia, para emprender un camino con el compromiso de atender las causas de fondo.

En la Prelatura del Nayar, los sacerdotes y religiosos, además de las iniciativas de oración y compromisos por la paz; promueven foros y encuentros de artesanos indígenas, dan aliento e impulso al proyecto federal “Sembrando vida”, a través de la siembra de árboles como pinos, duraznos y manzanos, entre otros, con las seis diferentes etnias que existen en la Prelatura.

En la Provincia, respondiendo a su vocación, están presentes en el trabajo pastoral cotidiano, en la realidad compleja del sufrimiento humano, de la dignidad humana, lo que viven las víctimas; dar consuelo y ayudan en la pérdida o desaparición de seres queridos, están atentos a los efectos psico-emocionales en la sociedad y, junto con sus Obispos, urgen al Estado a asumir su papel para impartir políticas públicas y justicia, para afrontar las violaciones graves a los Derechos Humanos de la población.

La Provincia se suma con esperanza y generosidad a la convocatoria de la Iglesia de México para el diálogo social, para crear conversatorios de paz, para construir un camino de justicia y reconciliación que lleve a la paz; donde vivir la democracia es dialogar, es intentar siempre hacer un camino juntos, es resolver pací­ficamente los conflictos, valorando la participación de todos y aspirar siempre al bien común.

Número de Sacerdotes de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara

Aguascalientes 357

Autlán 130

Colima 116

Ciudad Guzmán 109

Guadalajara 1,300

Prelatura del Nayar 30

San Juan de los Lagos 387

Tepic 210

Total 2,589

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