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FRANCISCO JAVIER VALDEZ RAMÍREZ
SEGUNDO DE FILOSOFÍA

Qué tal, estimados lectores de nuestro espacio Semillero de vocaciones, ¡les saludo con agrado! Toca el turno hablar de un gran santo mártir mexicano llamado: Jenaro Sánchez Delgadillo. Nació el 19 de septiembre de 1886, en Agualele, población cercana a Zapopan, Jalisco. Sus padres fueron Cristóbal Sánchez y Julia Delgadillo, de condición muy humilde y pobre, pero ricos en virtudes cristianas.

Los padres inscribieron a Jenaro en el Colegio de Artes y Oficios del Espíritu Santo en Guadalajara, donde cursó la primaria con buena voluntad y aplicación. Después de la primaria, trabajó en la fragua hasta los quince años, aportando generosamente una ayuda a sus padres. En esta escuela, fundada por el Canónigo Manuel Azpeitia y Palomar, además de las materias escolares propias de la primaria, se iniciaba a los niños en un oficio, se impartía educación práctica y se enseñaba la doctrina cristiana.

En 1901 entró al Seminario Menor de San José de Guadalajara, a los quince años, que en aquel entonces ocupaba la finca contigua al templo del Señor San José de Gracia. Era un estudiante con buenas calificaciones; le gustaba la religión, la historia universal, el latín, el griego, la música y el canto. Demostró siempre una profunda piedad Eucarística, una tierna devoción a la Virgen María, y una obediencia pronta a sus superiores. A principios de los estudios teológicos, en 1907, se revistió de la sotana clerical, aunque no podía llevarla en público, y recibió las primeras órdenes menores de ostiario, lector y acólito, y en 1910 la orden del subdiaconado.

El 20 de agosto de 1911 fue ordenado sacerdote por el Arzobispo José de Jesús Ortiz Rodríguez. Cantó su primera Misa nueve días después en Huejotitán, Parroquia de Jocotepec, Jal. Estaban presentes sus padres, que habían hecho tantos sacrificios y ofrecido a Dios tantas oraciones para que su hijo llegara felizmente al altar. El 21 de agosto de 1911, el día después de su ordenación sacerdotal, el Padre Jenaro recibió su primer nombramiento como ministro en la Parroquia de Nochistlán, Zacatecas. No le faltó trabajo: predicación, confesiones todos los días, catecismo, visitas a los ranchos, se preparaba devotamente para la celebración de la Eucaristía que celebraba con fervor, y al terminarla daba las gracias, era muy atento a las necesidades de los fieles y los pobres. Atendía especialmente a los ancianos y enfermos. El 12 de septiembre de 1912, apenas un año después, fue trasladado a la Parroquia de Zacoalco, duró cuatro años aquí, fueron de los más hermosos y también tormentosos. El municipio era pobre y los obreros eran muy explotados en las minas de cal y cantera. En 1916 fue nombrado capellán de San Marcos, una vicaría dependiente de la Parroquia de Zacoalco, por causas políticas duró solamente dos años.

En 1918 fue destinado a la Parroquia de Cocula. Además de su ministerio de capellán de la Parroquia, dio clases en el pequeño Seminario que la Arquidiócesis tenía en Cocula. El Padre Jenaro solía repetir, al hablar de la persecución religiosa: “Van a morir muchos, ¡ojalá yo sea el primero en morir por Cristo y por mis hermanos!”. El 17 de enero de 1927, cerca de la medianoche, a la salida oriente de la Villa de Tecolotlán del Corazón de Jesús, murió ahorcado y apuñalado, perdonando a sus asesinos y vitoreando a Cristo Rey. En 1934 el Arzobispo de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez, inició el proceso diocesano de beatificación y canonización del Padre Jenaro. Los restos mortales fueron exhumados del panteón municipal de Tecolotlán y trasladados a la iglesia parroquial de San Miguel de Cocula, Jal.; donde su memoria es particularmente venerada. Fue beatificado en Roma el 22 de noviembre de 1992 y canonizado el 21 de mayo del año 2000, junto con otros 24 mártires mexicanos por el Papa Juan Pablo II.

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