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III DOMINGO DE PASCUA

PARA SEGUIR A JESÚS Y SERVIRLO EN NUESTROS PRÓJIMOS NECESITAMOS AMARLO

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE TERCER DOMINGO DE PASCUA?

Hechos 5, 27b-32. 40b-41: Ninguna amenaza de los poderosos puede silenciar a la iglesia que da testimonio del Señor Resucitado… Como los apóstoles, nosotros también podemos contar con la fuerza del Espíritu Santo y llenarnos de alegría al sufrir por Jesús…

Salmo 29: Te alabaré Señor porque me has salvado, tu bondad es eterna, convertiste mi llanto y mi clamor en alegría y danza…

Apocalipsis 5, 11-14: El apóstol Juan anima a los cristianos perseguidos con una visión celestial… Ve a Jesús en su gloria, aunque fue sacrificado, ahora vive… Y los que han recibido Vida de él comparten su victoria y su gloria…

Juan 21, 1-19: Los discípulos pasaron toda lo noche intentando, sin éxito, pescar… Jesús Resucitado, a quien no reconocen, los está esperando en la orilla con pescado asado y pan… Les indica echar las redes a la derecha y pescan 153 peces grandes… Juan lo reconoce, Pedro se lanza a su encuentro, Jesús les pide más pescado… Celebra con ellos y para ellos… después de comer, Jesús pregunta tres veces a Pedro si lo ama, le ratifica su misión de apacentar sus ovejas, le anuncia cómo morirá y le vuelve a llamar diciéndole: ¡Sígueme!

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Las personas siempre recibieron amor de parte de Jesús durante su vida pública… Pero, después de la resurrección parece que se acentúa más lo que implica recibir y corresponder a este amor… La amistad con Jesús es un medio de crecimiento en todos los aspectos de nuestra vida.

En el evangelio, vemos a Jesús que prepara un desayuno en la playa para sus amigos, les habla con cercanía y cuestiona a Pedro tres veces sobre el grado de amor que le profesa… Más tarde, los apóstoles estarán felices de sufrir por el Señor porque lo aman… No se puede trabajar por los que son de Cristo sin amarlo primero a él por encima de todas las cosas…

La última palabra del evangelio de hoy es “sígueme”… Pero este llamado no se entiende como cuando Jesús llamó a Pedro por primera vez mientras estaba remendando sus redes… Años más tarde y después de haber sido formado durante su vida pública, de ser testigo de su pasión y de su muerte es una invitación para un “seguimiento” mucho más comprometido…

Pedro había negado que conocía a Jesús tres veces, tal vez por eso Jesús le pregunta también tres veces: ¿Nutres simpatía por mí? ¿Me quieres? ¿Me amas de verdad?… Lo va llevando a explorarse internamente para descubrir la gradualidad de su amor y lo que será capaz de hacer por él: Seguirlo aunque ya no esté físicamente, cuidar-apacentar a sus ovejas y renunciar a sí mismo para entregar su vida hasta la muerte de cruz… El amor a Jesús continúa transformándolo… En resumen: Pedro, recuperado de sus errores y sanadas sus heridas, puede llegar a ser el buen pastor que Jesús desea… ¿Y yo?

También nosotros hemos escuchado ese mismo “sígueme”… Por eso debemos hacer un examen serio de nuestra vida; hemos de descubrir las veces que negamos a Dios y profundizar en su amor… Aunque decimos que amamos a Dios, nuestra vida de cristianos está marcada por nuestra fragilidad y falta de compromiso que nos lleva a negar repetidamente a Jesús y a actuar como si no lo conociéramos, especialmente cuando, por seguir a Jesús, se ve amenazada nuestra vida en diferentes situaciones.  Por ejemplo, cuando está en riesgo nuestra tranquilidad, nuestra economía, nuestra estabilidad o nuestra tranquilidad…

Jesús nos enseña, como a Pedro, a trascender estos retos que la vida nos coloca a través de un crecimiento en el amor que nos lance hacia adelante… Nuestra tarea es, como la de Pedro, trascender lo que nos impide amar a Dios y entregarnos al servicio de nuestros prójimos; así surgirá en nuestra vida la entrega a las ovejas por amor a Dios… Pedro dio el paso, vivió la pascua de Jesús, logró confiar en su amado Maestro y respondió positivamente a su nuevo “sígueme”…

También nosotros hemos de dar pasos, hemos de hacer vida la pascua, para salir de nuestros errores y convertirnos en esos seguidores de Jesucristo que se atrevan a desgastarse por amor a los demás… ¿Cuántas veces he escuchado el “sígueme” de Jesús?

De las heridas del resucitado surge la Salvación, de las negaciones de Pedro surgen su entrega y su amor de Pastor… Y de nuestra vida, ¿qué surge?

Si dejamos que sea Jesús el que nos guíe, como a aquellos pescadores fracasados y cansados, nuestra pesca también será abundante… ¿Reconozco a Jesús que me invita a convivir con él para reparar mis fuerzas y recibir orientación?

(Dicen que hay varios niveles de amor… y que podemos estar en ellos sin importar la edad cronológica que tengamos… incluso, podemos amar en diferentes niveles a deferentes personas, familias, instituciones y/o proyectos:

•             Porneia: Es el amor del infante que “ama” a su madre por lo que obtiene de ella… ¿A qué personas, familias, instituciones o proyectos “amo” por lo que obtengo de ellos?

•             Eros: Es el amor del adolescente que “ama” complaciéndose en la belleza del objeto amado… ¿A qué personas, familias, instituciones o proyectos “amo” solamente porque me hacen sentir bien?

•             Filía: Es el amor del adulto que “ama” compartiendo responsabilidades y compromisos mutuos… ¿Con qué personas, familias, instituciones o proyectos estoy comprometido?

•             Ágape: Es el amor que trajo Jesús a este mundo y que nos capacita para donarnos y sacrificarnos por los demás… ¿A qué personas, familias, instituciones o proyectos les entrego lo que sé, lo que tengo y lo que soy?

Te proponemos analizar tu vida en general con este sencillo y poderoso instrumento de medición… y, sobre todo, a responder la siguiente pregunta: ¿En qué nivel amo a mis prójimos, mi iglesia y mi Dios?)

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.            Durante estos días reflexiona profundamente:

¿Cuál es mi grado de amor por Jesús?

¿Amo a Jesús sólo cuando me da lo que le pido y más?

¿Lo amo sólo cuando me hace sentir bien?

¿Lo amo porque me ama?

¿Lo amo aún en mis momentos difíciles y cuando me pide respuestas duras y seguimiento constante?

2.            Dibuja un “amorómetro” que mida tu amor a Dios…

¿Qué me es fácil amar de él y de su proyecto?

¿Qué me es difícil amar de sus peticiones?

3.            En tu oración de esta semana, platica sinceramente con Jesús sobre su amor por ti y tu amor por él… y tu seguimiento… y tu pastoreo…

@arquimedios_gdl

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