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LAURA CASTRO GOLARTE

El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuya gestión está por concluir (de hecho terminará dos meses antes, el 30 de septiembre de este año), llegó a esa posición como resultado de un proceso electoral democrático que organizó el Instituto Nacional Electoral, el INE.
Con datos de ese organismo, que estaba recién reformado, por cierto (2014), desde entonces sabemos que el actual mandatario mexicano ganó porque obtuvo poco más de 30 millones de votos equivalentes a 53.19 % de la votación total. Nada más para hacer acopio de memoria, no hubo manifestaciones ni reclamos de fraude, fue, de hecho, una de las elecciones menos impugnadas en la historia reciente.
A partir de ese momento y ahora, que está por terminar el sexenio, los mexicanos tenemos información abundante, de calidad y no (fake news o el arte de la tergiversación), para tomar una decisión con miras a la elección presidencial de este año que será el domingo 2 de junio.
Testificamos una contienda polarizada, con campaña sucia incluida, en la que parece que los menos importantes somos los electores y difícilmente el panorama político electoral va a cambiar en las próximas semanas; pero nosotros sí, como ciudadanos, tenemos todo el poder, la facilidad y hasta la obligación, de gestionar la información que nos ayude a tomar la mejor decisión producto del acceso a información cierta, de calidad, verificada; resultado también de nuestro discernimiento, de nuestras reflexiones.

Desde siempre he pensado, con excepciones por supuesto, que el electorado mexicano es maduro –y cada vez más– elección tras elección. Es cierto que también nos hemos equivocado, pero somos capaces de ejercer un claro e incuestionable voto de castigo; de practicar lo que se conoce como voto diferenciado; de recurrir al voto útil y hasta de promover, en su momento, la anulación del voto o el voto en blanco.
Este conocimiento que se acumula en las actuales generaciones y que se transmite de manera ejemplar, didáctica y/o ideológica, entra en operación cuando llegamos a la casilla, nos introducimos en la mampara y nos enfrentamos a la boleta. Este ejercicio ciudadano y plenamente democrático no será diferente en esta ocasión.

Es decir, tenemos elementos, objetivos y subjetivos, para llegar preparados y seguros a votar; además, con base en varias encuestas, resulta que la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas entrevistadas, ya saben exactamente por quiénes van a votar en todas las elecciones de este año que son muchísimas (presidente y legisladores federales; y en nueve estados, gobernadores, diputados locales y alcaldes).
Hay una claridad que contrasta con otros procesos. Es frecuente que a estas alturas en años electorales, en las encuestas el indicador de “indecisos” sea alto. Ahora parece que no: según la encuesta Enkoll para El País (España) y W Radio (México), 69 % del electorado (la muestra es representativa) ya sabe a quién elegirá para la Presidencia de la República. Así las cosas.
Entonces, toda esta información y estas reflexiones que comparto tienen como propósito remarcar que la participación en este proceso debe ser libre y libre de miedo, particularmente porque desde la ciudadanía la madurez y las convicciones prevalecen.

No podemos omitir ni tratar de voltearnos para otro lado, cuando recibimos información sobre violencia política contra hombres y mujeres que ya acumula un saldo de varios asesinatos. Esto es reprobable, lamentable e inaceptable; reflejo de dinámicas políticas locales.
Sabemos hasta ahora que Jalisco, por ejemplo, junto con Michoacán y Guerrero, son los estados con más focos rojos en este contexto electoral, sin embargo, las alertas están expresadas y las exigencias de seguridad planteadas a las autoridades de todos los órdenes; así como las garantías ofrecidas (esperemos que también cumplidas).

Es preciso ir a votar sin miedo, como salimos todos los días a trabajar, a estudiar, a comprar el mandado, a llevar a los hijos a la escuela. Cuidarnos siempre, nos dejarnos atrapar por dichos y rumores, ni por información falsa; extremar precauciones (elecciones o no) y prepararnos para acudir a la cita electoral para la que faltan poco menos de tres meses.
Votar por las próximas autoridades, con todo lo que le sabemos al sistema político mexicano, es un ejercicio cuya permanencia contribuirá a persistir en la determinación de perfeccionar nuestra democracia. Sin miedo.

@arquimedios_gdl

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