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Sergio Padilla Moreno

Alguna vez, el famoso escritor Albert Camus dijo que “si el mundo fuese claro no existiría el arte”, postulado que nos propone que las creaciones artísticas son un vehículo privilegiado para penetrar en la complejidad de la realidad y, también, ayudarnos a contemplar el misterio de la divinidad.
Sin duda que la música es una de las manifestaciones artísticas más propias para tal contemplación.

ENTENDER Y TOCAR NUESTROS OSCUROS
No solamente hablo de la música sacra y religiosa, sino que muchos otros géneros musicales pueden ser vehículos para ello. En el contexto de la reflexión y sentido penitencial de la Cuaresma, propongo que hagamos un ejercicio de contemplación sincera y profunda de nuestra vida, a partir de una de las obras más famosas de la música: la Sinfonía no. 6 en si menor, Op. 74 “Patética” de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), obra de carácter dramático que nos permite, para decirlo en clave de los Ejercicios Espirituales (EE) de san Ignacio de Loyola, “propiciar el conocimiento interno para vencerse a sí mismo y ordenar la vida, sin determinarse por afección alguna que sea desordenada” (EE 21).
En la primera semana de los EE, san Ignacio propone que el sujeto medite y reflexione sobre el pecado en el mundo, la debilidad humana y la misericordia de Dios. Parte central de este proceso es la contemplación de las propias “afecciones desordenadas” (EE 1), para conocer se dinámica y consecuencias. Es entonces que la sinfonía “Patética” nos puede introducir en ese proceso.

Es una obra que Tchaikovsky compuso en 1893, y cuyo estreno se dio el 28 de octubre de ese año, en un contexto personal de crisis interior y moral del compositor. La obra es una muestra de sus sentimientos y desolación interna que lo orilló a perder toda esperanza y sentido de la vida. La confusión y crisis de Tchaikovsky nos puede pasar a nosotros si no estamos atentos a los movimientos de nuestro interior y quedarnos así en la desolación, sin dar oportunidad a que llegue la luz.

JESUS NOS DEVUELVE LA CLARIDAD

Contemplar nuestra realidad, tal como nos invita la Cuaresma, nos puede desolar, pero sería una gran tentación caer en la desesperanza, cuando Jesús mismo quiere tocar nuestra verdad y nuestras heridas cuando se las abrimos a su corazón y mirada misericordiosa.

La sinfonía tiene cuatro movimientos, que nos van llevando por la experiencia contrastante de quien pone el sentido de la vida en situaciones que más bien llevan a otro fin. El primer movimiento refleja el cuestionamiento por el misterio de la vida y por la pregunta existencial de quién soy. El segundo nos abre a la superficialidad con que se puede vivir la vida cuando no hay un principio y fundamento claro, mientras que el tercero refleja el frenesí, ruido y superficialidades con los que la persona pretende llenar sus vacíos. El cuarto movimiento refleja al ser humano que se enfrenta crudamente a sí mismo, sus vacíos y preguntas más profundas, pero con el drama de no encontrar ningún sentido y respuesta, terminando por languidecer y apagarse paulatinamente.
Tchaikovsky: Symphony No. 6 Pathetique | Dresden Philharmonic & Marek Janowski https://www.youtube.com/watch?v=qVA1ieo9Js4

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