upc4

Para los creyentes, la oración, es decir, este acontecimiento personal o comunitario que santa
Teresa de Jesús describe como “diálogo con Aquél, con quien sabemos que nos ama”, es algo fundamental.
Aunque la oración –para algunos–parezca algo que no tiene que ver sino con la vida interior de cada persona, para el hijo de Dios comprometido, la oración debe trascender el ámbito interno y, además de proyectarse en acciones concretas externas, debe estar cargada de un compromiso comunitario, que
también podemos llamar responsabilidad social. La Sagrada Escritura está llena de referencias al respecto.

Por esta razón, los bautizados no podemos estar cruzados de brazos esperando que coincidencias que resulten afortunadas o acciones de gobierno tejan la paz, sino que debemos poner en práctica un elemento que para nosotros es fundamental, la oración. Que sea otro hilo que tejamos para edificar
la tranquilidad que desde hace varios años no tenemos los mexicanos.
Habrá ciudadanos que no crean en la oración o que no la consideren eficaz para un asunto que consideran “mundano”, o que piensen que la paz depende exclusivamente de la acción humana, y es respetable su opinión.

Los creyentes no consideramos la oración solo como algo espiritual, sino como una actividad y disposición que envuelve todo el quehacer humano.

Especialmente, cuando la situación en materia de seguridad y tranquilidad de la persona es cada vez más grave y más alejada del ideal de paz que Dios quiere para nosotros; muy lejos de aquella expresión del Creador que expresó el objetivo de lo que debería ser en todos los aspectos: “Y vio Dios que era bueno…”.
Actualmente, hay muy pocas cosas buenas como el Creador las deseó para sus creaturas. Dostoyevski lo expresó
muy bien cuando escribió: “Si la sociedad estuviese constituida normalmente, entonces acabarían de un golpe todos los crímenes, puesto que ya no habría contra qué protestar… La naturaleza no la toman en consideración, la han echado al río; no toleran la naturaleza”. (Crimen y castigo, libro IV, cap. 3).
Necesitamos, en efecto, para construir la paz y volver a la sociedad a la normalidad, una oración confiada, comunitaria y profunda, porque la oración es alimento en el camino.

El creyente encuentra en la oración la lucidez que necesita para abrirse camino entre los desgastes y conflictos. La plegaria del Padre Nuestro representa las siete grandes necesidades que debemos pedir, y por las que debemos luchar para vivir, amar y servir.

Bien le valdría al actual gobierno federal poner las bases estratégicas –legislativas e institucionales– para
la construcción de la paz. Y a nosotros, como Iglesia, con la autoridad moral que aún nos queda, ser
tejedores de la paz en unión con las universidades, movimientos de los derechos humanos, familias de
las víctimas y desaparecidos, ciudadanos que, conscientes de la crítica situación, luchemos para que la paz
sea el camino.
Teniendo a la oración de por medio, necesitamos los creyentes escuchar con los oídos del corazón a las víctimas, ser mensajeros de esperanza y consuelo en medio del dolor, ser despertadores de conciencias, difundiendo y viviendo los valores del Evangelio. Esto no lo debemos dejar de hacer jamás.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.