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Luis Sánchez

El fin de semana leí un artículo en la Revista de Sociología de la Universidad de Chile que llamó fuertemente mi atención. Se centraba en entender el pensamiento de un sociólogo: Pierre Bourdieu, que ha influido en el diseño de políticas públicas a partir de entender las desigualdades que permean una sociedad y cómo podemos y debemos entenderlas justamente para poder diseñar intervenciones que favorezcan la reducción de las brechas en nuestras comunidades.
¿CUÁLES SON NUESTROS RECURSOS?
Para esto, lector, es necesario partir de una idea general que se compone de dos palabras: capital social. Bourdieu explica que para entender por qué surge y sigue presente la desigualdad en una sociedad, no debemos enfocarnos únicamente en el aspecto monetario, sino que un individuo está dotado de mucho más que eso: su capital social, en gran medida impuesto y desarrollado a partir del entorno en el que nace y crece.
Permíteme ser más claro: en su conjunto, una persona hace uso de una diversidad de recursos, que pueden ir desde lo económico, hasta su capacidad intelectual y cultural que desarrolla gracias a la posición social en la que nació, creció y se encuentra. Este capital incluye inclusive redes de apoyo, contactos influyentes, y hasta tiempo libre.
NO SON LAS MISMAS OPORTUNIDADES
Lo interesante en este planteamiento teórico pero muy útil en su practicidad, es que permite relacionar de manera bastante clara los recursos de un individuo,

entendidos como el capital, y la desigualdad: aquel individuo dotado de suficiente capital, tendrá la posibilidad de alcanzar determinados objetivos que él mismo se plantea, o en otras palabras: ser o hacer lo que él desee o valore, desde un trabajo soñado, hasta una vivienda con las características que a él o ella le parecen ideales.
Es aquí donde el actor gubernamental debe intervenir de manera urgente, pues son necesarias alternativas que, desde una visión de gobernanza, sean construidas en conjunto con la ciudadanía y organizaciones de la sociedad civil con el fin de buscar reducir esa desigualdad. Es necesario hacer presión, pues si nuestros tomadores de decisiones no intervienen, aquellos que cuentan con un capital social limitado; con ingresos insuficientes; una educación a medias; poca cultura; falta de redes de apoyo, seguirán quedando a la deriva, seguirán siendo población en riesgo de vulnerabilidad, pero sobre todo, seguirán siendo individuos sin posibilidad de alcanzar las metas, bienes y servicios que requieren para tener un mínimo bienestar.
Busquemos sociedades cohesionadas a partir de entender la posición personal donde nos encontramos, y la posición y obstáculos a los que se enfrentan los demás. Todo es cuestión de empatía y solidaridad.

Nos leemos la siguiente semana, y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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